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TRIBUNA INSULAR J. MANUEL DE LEÓN

El aluvión fue la causa, pero ojo con los políticos y los técnicos

24/nov/09 07:26
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CON MOTIVO del desastre causado por el aluvión que anegó las medianías del Valle de La Orotava y San Juan de la Rambla (municipio que tampoco se libró del desastre), un señor de cierta edad me confesó lo siguiente: "A mi edad, que voy a cumplir cien años, qué me va a sorprender (sic). Sufrí las calamidades de la guerra, incluso fui herido en dos ocasiones; pasé hambre en la posguerra, enfermedades... Si yo le contara (¿?). No hay cosa peor que una guerra. ¿Usted sabe el daño que ocasionó el temporal de agua en las medianías del Valle?, pues imagínese una guerra. La furia de la Naturaleza es lo que es, pero la guerra? ¡Espantoso! Como le digo, pocas cosas me sorprenden. Eso se deja para los retoños que principian la andadura, etc., etc.". Luego saca a relucir lo sorprendido que está por el de "arriba" concederle tantas prórrogas de permanencia en este jodido valle de lágrimas. "Yo creo que he vivido bastante, o más de la cuenta, cuando otros apenas despuntan y ya van de regreso" (en referencia a los jóvenes que no viven para contarlo). Verdad es. Y dígame, ¿qué otra cosa le impresiona?... "¡Uf!, no va a creerlo, pero yo vivo con menos de trescientos euros que recibo mensualmente del Gobierno de Canarias". Vamos, el sorprendido soy yo. Este señor mantiene una mente tan activa como un adolescente de la PAU. ¡Hombre! Ya quisieran otros que se embolsan veinte veces más que usted, políticos del montón, disponer del privilegio de su capacidad y poderío mental.

Con personas que saben lo que es vivir con dificultades no estaríamos como estamos en estos momentos; aguantando a tanto "gili". Porque hay que ver la caterva que dan los "memos" con responsabilidades políticas, administrativas, etc., a cambio de percibir unos sueldos por ponerlo todo patas arriba. Hasta ahí llega la solvencia política de los que sin estar agotados ni estresados dejan los deberes hasta más ver; así como lo digo. Luego se quejan de que se disparan las alarmas dando cuenta de los recursos presentados por los particulares contra el Gobierno. Sobre esto debemos profundizar hasta encontrar el porqué de tanta dejación y/o disimulo a la hora de arrimar el hombro. No digo nada nuevo de los errores judiciales, de las licencias que se dan y se suspenden sin sopesar los pros y los contras; de la corrupción política que soportamos los paganos con los judas de turno; los expedientes que duermen el sueño de los justos. En fin, qué le voy a contar que no sepan los lectores.

Y lo verdaderamente incomprensible: ¿por qué no se dio información del temporal que, a Dios gracias, no causó víctimas en el Valle? Me importa un bledo que el radar se halle averiado, roto o pendiente de una pieza equis. Debía estar en perfecta revista y sanseacabó. Hombre, que el lunes (16 de noviembre) no hubo desgracias personales de milagro. Por la TF-5 (tramo de Alcampo) no se podía circular; parecía un lago abastecido por todas partes; hasta el cuartel de los bomberos quedó inundado. Vamos, que las escorrentías de las medianías del Valle de La Orotava fueron a parar a la autopista. Y digo yo, pero qué cñ de técnicos tenemos aquí que no se percatan de que vivimos en laderas, o a qué viene condescender tanto con los que construyen en las orillas de los barrancos y taludes no aptos para edificar. En parte, estas cosas ocurren por cambiar votos por favores? Siempre igual, el favoritismo de toda la vida. Menos mal que, por naturaleza, las lluvias torrenciales son cortísimas, o estaríamos lamentando la peor tragedia de todos los tiempos.

Insisto, los alcaldes pasan por alto que los vecinos construyan donde pueden, o a su antojo, y ya ven los resultados. Cada camino, pista o vía se transformó en un tubo con dirección a la autopista (o autovía). Es más, ni se saben las barbaridades propiciadas por los técnicos del ramo. E incluso el compadreo de algunos que llevan años diseñando y cambiando las tornas naturales del territorio.

Pero, para que se hagan una idea, observen la conversa entre un alcalde equis y un técnico con mucho poder de decisión: "¿Me oyes?, soy el de las naranjas de Valencia... Sí, cuéntame... Hombre, que tengo un compromiso con un vecino por el asunto de la pista que le pasa por unos terrenos sembrados de viñas, cítricos, papas, etc. justo por la margen derecha del barranco que vimos el otro día? ¿Sabes? Pues mira, yo creo que estrechando los aledaños de la vaguada un par de metros ni se nota? y todos tan contentos y felices. Bueno, no te preocupes... Estoy en ello". Y así sucesivamente, que si la pista, que si el cuarto de aperos, el salón o la barbacoa para pasar los domingos. Miles de edificaciones construidas como mejor le vienen al "canarito".

Ah, que casi se me olvida condimentar el plato con pimientas de (¿?) las que pican, una cosita al oído del lector: mientras haya técnicos apellidados Hoyo, Agujero, Bujero o Boquete, no van a faltar socavones a diestro y siniestro del territorio. ¿Me he explicado bien?

j.manueleon@hotmail.com

 

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