¡CRUZ, perro maldito!, que dicen en mi pueblo para ahuyentar al diablo o a las desgracias. Ahora resulta que, por falta de financiación, o sea, porque no hay perras, se deja sin ejecutar lo que queda por hacer para terminar la obra de la plaza de España, de la que sólo se ha construido -más bien destruido- el 20 por ciento de su superficie y resta por realizar la "fase 2", que prevé un extraño túnel que afecta a 120.000 metros cuadrados en lo que es puerto. Dicen que actualmente se están produciendo contactos entre la Administración competente y los arquitectos extranjeros, señores Herzog y De Meuron, quienes ganaron el concurso que yo llamo, con más razón que un santo, de "malas ideas". Dichos técnicos nombraron en Tenerife a un representante, que es don Virgilio Gutiérrez, a quien no tengo el gusto de conocer ni de oídas. Explica este señor, quien también es arquitecto, que existe en el proyecto una tercera fase, como si el adefesio de la primera, que me supongo continuará en la segunda, no constituye ya un bodrio considerable.
Está preocupado el señor Gutiérrez, al igual que sus representados, por la conexión entre la ciudad y el mar. Pero la población y la zona marítima están suficiente y perfectamente conectadas, según planes trazados y realizados por ingenieros de alta categoría como don Miguel Pintor padre, don Miguel Pintor hijo, don José Luis López Páramo y don Ernesto Rumeu de Armas, todos ellos artífices del magnífico puerto que tenemos, y, por lo que veo y temo, ahora van a hacer de los muelles un petardo igual o peor que el de la cara marítima de Santa Cruz.
No quiera Dios que las cosas lleguen a ese extremo. Por favor, dejen las cosas como están y con la esperanza de que arquitectos que no hayan estudiado por correspondencia, que los hay buenos y prestigiosos en Canarias, hagan lo que puedan para dar a la plaza de España su anterior aspecto y su verdadera función de punto de encuentro de la ciudad, con la demolición de su mamotreto privado, la supresión de la horrorosa parodia del Charco de la Casona y la retirada de la petardesca iluminación. Y a los señores Herzog y De Meuron, que instruya expediente el Cabildo Insular u otra corporación representativa para declararlos "personas no gratas" o "maestros de obras" honorarios, en justo merecimiento no sólo a su incompetencia, sino también por el tremendamente horroroso gusto que tienen al planificar tan incomparablemente desastroso proyecto, ante la imposibilidad de recuperar las perras del mal otorgado premio. Comparado con los dos sujetos, un servidor se siente Calatrava o Miguel Ángel.
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