¿CUÁNDO comenzó a preocupar Canarias al Gobierno de Madrid? Cuando Cubillo, desde Argel, con una emisora de onda corta, Radio Canarias Libre, lanzó sus filípicas políticas, que eran muy escuchadas en las Islas y en el mundo entero, aquí con los aparatos de radio muy bajitos, por razones obvias.
Cubillo sufrió un horrible atentado, perpetrado por el Estado, como lo demostraron los tribunales. Sabe mucho de ello el ex ministro Rodolfo Martín Villa y, naturalmente, sabía mucho del asunto el extinto comisario Conesa. Antonio Cubillo vive hoy en Canarias, arrastrando las secuelas de aquel crimen, que pudo acabar peor si no hubiera sido día de fiesta, si no estuvieran transmitiendo por televisión un importante partido de fútbol y si la ambulancia, en vez de demorarse tres cuartos de hora en llegar al hospital, no hubiese tardado seis minutos, por las razones apuntadas anteriormente.
Cubillo fue indemnizado con una miseria por el Estado español como una víctima del terrorismo de Estado -algo así como 25 millones de las antiguas pesetas-, pero arrastra secuelas gravísimas que le causan serios dolores y no puede caminar sin la ayuda de muletas. Cubillo tenía la idea de una Canarias libre de ataduras de un Estado que jamás comprendió a las Islas, desde la conquista.
Si España hubiera atendido a estas islas como a Cataluña, como al País Vasco, como a Andalucía, el clamor habría sido menor. Nos acostumbramos a sufrir, vivimos la malicia, la condición intencionada de hermano pobre del Estado. Y no hay derecho.
Para detener la labor de Cubillo ante organismos internacionales, el Gobierno de España sobornó a un secretario general de la OEA (Organización de Estados Africanos), el señor Kodjo. Lo compró el CESID para que metiera en un cajón las pretensiones de Canarias. Esto retrasó un proceso descolonizador que ha sido aceptado, incluso, por las Naciones Unidas, como norma de carácter general: los canarios deben decidir su futuro. Y no hay más.
Todos los movimientos de Canarias hacia la independencia han de ser pacíficos, intelectuales. Deploramos la violencia y amamos las palabras. El hombre va a cualquier parte con las palabras, con las palabras colmadas de razones. Nadie nos podrá acusar de que preconizamos métodos espurios o ilegales; no. Siempre con la palabra, que es el mejor dardo para combatir al adversario, o al discrepante. Nosotros amamos a estas islas porque hemos nacido en estos peñascos tantas veces olvidados, tantas veces reivindicados, tantas veces negados.
Cuando Cubillo hablaba desde Argel, el Estado español se preocupó de su movimiento, que no hay duda de que tuvo errores y aciertos. Los tiempos han cambiado. Cubillo está aquí, luchando por su tierra. Sin ninguna causa pendiente (nunca la tuvo realmente). Su voz es una más, y muy importante, en la nueva Canarias del futuro. Nuestra tierra amada tiene que redimirse ante la historia y ante sus hijos. Con la palabra.
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