DORY MERINO, Tenerife
María (nombre ficticio) se despierta en una casa que no es la suya. Desde hace unas semanas vive en un hogar que acoge a mujeres maltratadas y comparte techo con cuatro más que, como ella, tienen hijos a su cargo.
Su nuevo hogar es uno de los centros gestionados por la Administración y se encuentra en "paradero desconocido" para el resto de los ciudadanos.
María sabe que estará allí poco tiempo, el necesario para rehacer su vida lejos del hombre al que se entregó por amor. De él escuchó promesas y promesas, aunque después las olvidó y las cambió por continuos golpes físicos y psicológicos.
Esta mujer joven se ha olvidado de sonreír. Dice que no sabe cómo se genera una sonrisa. Sus recuerdos sólo le provocan lágrimas. Asegura que así ha pasado los últimos años de su vida.
Pero hace unas semanas ha empezado a ver una luz para su futuro y para su pequeño hijo, que con sólo cuatro años parece que "también se ha asomado al infierno", dice su madre.
Ahora, gracias al asesoramiento que ha recibido del servicio que atiende a mujeres maltratadas, María ha vuelto a soñar y empieza a sentir ganas de vivir.
Este es uno de los casos que ha podido conocer EL DÍA después de intentar contactar con instituciones y organizaciones que permitieran abrir sus puertas a este periódico, con el fin de que, guardando el anonimato, los ciudadanos pudieran conocer cómo desarrollan su vida las personas acogidas por el servicio que atiende a mujeres víctimas del maltrato.
María, la mujer elegida, señala que uno de los sentimientos que había perdido era "el amor a la vida".
Según relata, "no te das cuenta de que eres una víctima del maltrato, pero algo no va bien, porque aparece un gran deseo de desaparecer del mundo, de no querer formar parte de la sociedad, de no existir, de no haberlo hecho nunca y sólo encuentras un poco de paz pensando que es mejor estar muerta", explica.
Sin embargo, reconoce que estos pensamientos le hacían sentir mal, sobre todo, al mirar a su hijo.
"¡Mi niño! ¿Qué culpa tienes tú?", le decía a su pequeño.
Después de una buena ayuda y asesoramiento, María se levanta ahora con la misma prisa que lo hacía antes, en los momentos felices, cuando empezó a llevar al niño a la guardería.
Ahora se asea con alegría, despierta a su hijo, desayunan juntos en una cocina desconocida para el pequeño, dato que para él pasa desapercibido porque sólo tiene ojos para su taza de cola-cao -el de siempre- y para su madre, que dialoga con él repasando la mochila por si falta o sobra algo.
Salen los dos de su nuevo hogar y, por el camino, María le cuenta a su hijo que ella tiene que volver al trabajo. Sólo le explica que mamá ya no está de baja y que tiene que volver a trabajar. No le explica que ha podido encontrar un nuevo trabajo adecuado a su profesión -licenciada- pero lejos del alcance de los ojos de su ex pareja. Desde hoy, el niño tendrá que comer en su nuevo cole y ella irá a recogerlo por la tarde.
El pequeño camina a su lado, agarrado a la mano izquierda de su madre, asintiendo a todo, y de vez en cuando, se apoya fuerte y da saltitos. Su madre sabe que está feliz.
Todavía falta que se resuelvan algunos trámites jurídicos para poder olvidar todo.
"Las gestiones burocráticas del divorcio son eternas", manifiesta María, quien asegura que ella quiere terminar cuanto antes.
Hablando con alguna de las mujeres con las que ahora comparte techo, María se da cuenta de que es una privilegiada.
Ella ha conseguido un buen abogado y le asegura que en breve estará todo resuelto. Además, un familiar cercano le acaba de conseguir un trabajo "bastante lejos".
Cuando lo dice, automáticamente se pone a soñar y, sin darse cuenta, vuelve a sonreír.
Campaña
El Gobierno canario ha puesto en marcha una campaña que anima a los ciudadanos a denunciar los casos de malos tratos "sin volver la vista hacia otro lado", sabiendo que la vida de algunas personas corre peligro.
Un estudio realizado en Canarias refleja un avance genérico en la sensibilización sobre la violencia contra las mujeres como un problema social. Rojas consideró alarmante el alto número de personas que pone en el mismo plano a las mujeres y a los hombres maltratados, así como la creencia de que la violencia de género se circunscribe al ámbito familiar.
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