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Tú puedes ser un enano

Ser residente en La Palma, tener entre 18 y 50 años y, sobre todo, sentir dentro las fiestas, requisitos para ser admitido entre los danzarines que enorgullecen a un pueblo.
22/nov/09 07:41
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VÍCTOR MARTÍN, Santa Cruz

Si lo siente, si llora cuando lo ve, si su estómago "se arruga" cuando escucha la polca... ¿por qué no participar? Ser un enano no es imposible. No se trata de un coto cerrado, ni tan siquiera de un privilegio -quizás lo fue en algún momento- que se transmite entre generaciones de una misma familia. La danza por excelencia de las Fiestas Lustrales está abierta a cualquier persona que cumpla unos requisitos, aunque es cierto que la principal norma de obligado cumplimiento sólo está escrita en el alma: sentirlos.

El ayuntamiento ya abrió el plazo para presentarse a las pruebas. Es suficiente con rellenar un formulario antes de mediados de diciembre, presentarlo en el registro de entrada y esperar a que se anuncie definitivamente la fecha de los "exámenes". Lo primero, para poder optar al protagonismo lustral, es estar empadronado en La Palma, quizás, aunque puede ser un error, porque se entiende que la naturaleza del acto, de la magia, debe estar reservado a los que viven en el terruño. Bueno, discutible...

Otra cosa que hay que mirar es la edad. No vale cualquiera, ni el menor ni el que ya va "camino" de la tercera edad. Los límites están fijados entre los 18 años, por abajo, y los 50 por arriba. Fue un requisito que entró en vigor en 2005. Antes existieron diferentes enanos que bailaron con mayor edad; el caso más destacado fue el gran Sosó, que participó en 2000 ya con 62 años, pero, para qué engañarse, no es lo ideal.

Aunque pueda parecer lo contrario, no hay límite de altura. Puede danzar igual un hombre de 1,60 que otro de dos metros. Todo está dentro del misterio. En 2005 había hasta cuatro enanos de 1,90 centímetros, aproximadamente. Otra curiosidad, para que no existan dudas, es que pueden participar mujeres. Hasta el momento, siempre han sido hombres, aunque hubo un tiempo en que sobre el escenario había enanas (el disfraz no el danzarín), pero sencillamente porque las féminas no se han terminado de "animar". Todo puede cambiar... cambiar muy pronto.

Cuando se cumplen todas las premisas, hay que estar preparados para lo que viene. Con el corazón en el puño, que te elijan es un orgullo, llegan las pruebas. Si se tienen como referencia los exámenes de 2005, todos los aspirantes serán convocados el mismo día y a la misma hora en un mismo lugar. De uno en uno, con nervios pero sin prisas, irán pasando ante el jurado, en el que se incluyen personas que antaño bailaron los enanos. De todos los que se presenten, sólo 30 serán los elegidos. 24 titulares y seis suplentes, aunque al final hay tantas funciones que la treintena serán protagonistas por igual.

Dentro de la sala las pruebas son de danza y canto. Todo aspirante puede elegir la canción que desea interpretar, la que quiera, acompañado por un pianista que, aunque el tema es libre, tiene las partituras de las pasadas ediciones, por si alguno "se atreve". Con posterioridad, el jurado pedirá al concursante que se desplace hasta el final del local en el que se encuentran, debe ser de unos 10 ó 12 metros de largo, y que regrese bailando la tradicional polca, con giros en determinados momentos para apreciar su grado de habilidad y agilidad en plena danza.

A la mañana siguiente, no se suele tardar más tiempo, ya se informa de los elegidos para la danza. Ellos serán los "dioses" de la Bajada, aunque todavía quedará mucho esfuerzo. Lo primero para los enanos, tras conocer la decisión inapelable del jurado, será firmar un documento en el que ceden sus derechos de imagen a las Fiestas Lustrales y, sobre todo, se comprometen a guardar de por vida el secreto de la transformación, ese que se produce en la caseta que junto al gorro, tal y como ahora se conoce, llegó a la Bajada de la Virgen en 1905.

Con el grupo ya armado. Mirándose a la cara, llega lo más duro. Sí, aún queda el trabajo. "Piensas que te mueres", nos comenta uno de los enanos de la última edición: "Hay ensayos que son como representar Los enanos dos veces o más. Hay días que incluso vamos a entrenar a la playa. Son seis meses durísimos"... El director del número en 2005 fue Alonso Lugo, quien danzó en la Bajada de 1985 y para el Rey un año después. Seguramente continuará al frente del acto. Aseguran que es duro, serio, exigente con quienes no pueden fallar... esa noche no.

Luego, al final, en ese verano que los puede marcar, los enanos danzarán durante 13 funciones, quizás alguna más en 2010, lo que supone un nivel de exigencia física elevado. Un compromiso con las fiestas que queda pagado con la cara de admiración del niño o las lágrimas del adulto. Será para vivirlo.

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