NO POR ESPERADA deja de doler una derrota de este tipo. Se te queda cara de tonto viendo como eres capaz de plantarle cara a un equipo superior, que termina decidiendo el partido gracias a su calidad. El Sevilla, con dos latigazos, se llevó los tres puntos del Heliodoro. Bien es verdad que pudo aumentar su renta con algún contragolpe en superioridad mal resuelto, pero no es menos cierto que estas ocasiones llegaron fruto de los riesgos de su rival. De las pérdidas de tiempo de un equipo grande, la actitud de su banquillo (sobre todo de ese personaje que no aporta nada bueno al fútbol llamado Cristóbal Soria) o la forma en que regaló la iniciativa a los locales hasta poner en riesgo su triunfo, mejor que hablen en tierras andaluzas.
Aquí toca hablar del Tenerife. Y conviene hacer una reflexión serena sobre el encuentro para extraer conclusiones, unas alentadoras y otras no tanto. Entre las positivas, el planteamiento de José Luis Oltra. Con dos "vigilancias" individuales sobre Navas y Perotti cortocircuitó durante muchos minutos el juego de su adversario. Luego, buscó soluciones para seguir en el partido tras el 0-2 y su equipo, con un ardor guerrero del que ha carecido otras tardes, ilusionó a una grada enfervorizada e incansable (otra gran noticia) con el empate hasta el último segundo. El gol de Nino, con todo lo que supone, es otro dato a destacar. Ayer hizo un trabajo espectacular y marcó, con ese olfato que no había perdido y del que no se debe dudar, el tanto blanquiazul. Otra duda despejada es Omar. Hoy por hoy es titular indiscutible en este Tenerife. No sólo es el futbolista más desequilibrante de la plantilla, sino que a su talento le está añadiendo la cabeza que otras temporadas le reclamábamos. Por último, el doble pivote de ayer. La exhibición de Mikel Alonso y Ricardo como pareja "obliga" a Oltra a darles continuidad.
Entre las pocas cosas negativas, la falta de confianza que conlleva el hecho de no sumar puntos; la continua e infructuosa búsqueda de soluciones para el agujero del lateral derecho; el nulo respeto que muestran los árbitros por el Tenerife (dar tres minutos de prolongación ayer es, simplemente, vergonzoso) y Román Martínez, un buen futbolista, que necesita ahora una ración de banquillo.
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