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VENTURA GONZÁLEZ, S/C Tfe.
Jugando contra un equipo como el Sevilla el margen de error es mínimo. Se necesita un máximo de concentración y de actitud y además resulta imprescindible no hacer concesiones para seguir en el partido hasta que llegue tu momento... Precisamente en eso estaba el Tenerife cuando recibió el primer gol, como consecuencia de una pérdida de balón con todo el equipo en campo contrario. La contra fue demoledora: Navas salió como un avión, fijo a Manolo Martínez y la cruzó al palo contrario por el que entró Perotti para empujar a la red, mientras Luna le perdía de vista, más atento al balón que a su hombre. Sí, a su hombre, porque gran parte del éxito del Tenerife, que había parado en seco a su rival hasta entonces, radicó en la asignación de marcas individuales de sus zagueros a los atacantes sevillistas en el último tercio del campo. Luna jugó de lateral derecho y persiguió a un desequilibrante Perotti hasta que éste salía de la zona de ataque; lo mismo hacía Bellvís con Navas, inmenso, y Manolo y Sicilia con los dos colosos sevillistas, Kanouté y Luis Fabiano. Para completar el planteamiento, Ricardo jugó muy cerca de la zona de centrales con el fin de incrustarse en esa posición cuando sus compañeros tenían que salir de la zona a perseguir. La verdad es que funcionó esa apuesta específica de Oltra, que probablemente buscaba con ella anular la capacidad de combinar de los puntas del Sevilla, que entran y salen de la zona de ataque y hacen paredes mortíferas en el frente del área. El Tenerife se aplicó en las disputas por arriba, en las que sobresalió Sicilia, cerró los caminos a su rival y logró pararle en seco. El riesgo era cometer algún error en fase ofensiva que provocara un desajuste. Sucedió dos veces, en la primera perdonó Kanouté ante Sergio 12', y en la siguiente llegó el gol 31'. Con 0-1 el equipo acusó el golpe, como si se hubiese quedado en blanco, sin plan, una vez vulnerada su estrategia de contención. Hasta el descanso jugó sin mucho control, pero así y todo pudo empatar en la última jugada, con un impresionante remate de Sicilia que mereció el gol, pero se marchó fuera (46').
Una jugada decisiva.- Volvamos al principio. Ante un equipo tan potente, con dos bandas de ataque maravillosas, está prohibido conceder. Y volvió a ocurrir, Nino tuvo el empate en un regalo defensivo sevillista, pero se le anticipó Valiente en una acción que pareció penalty y, en la misma jugada, con un balance defensivo tibio de los blanquiazules, una llegada visitante la terminó Renato con un remate espectacular para hacer el 0-2. Fue como una moneda al aire que cayó por el reverso para el Tenerife que, desde ese momento, activó una reacción que deja un sabor de boca agridulce. El equipo se volcó y su entrenador se ocupó de ir activando la avalancha con sus decisiones. Pronto (11') puso a Ángel y sacó del campo a un desacertado Román; de tal forma que jugó con menos conexiones por el medio, pero es que el Tenerife ya estaba lanzado, ganando disputas por todo el campo y había reducido el espacio de juego en ataque. Todos muy juntos, apretando a un rival desconcertado, y espoleados por una afición que empujó admirablemente.
Jiménez reaccionó y colocó en el campo un tercer centrocampista, Romaric, en lugar de uno de sus dos puntas, Kanouté, para componer un 4-3-3. Así equilibró el partido y paró la reacción briosa de un Tenerife que no se rindió. El siguiente movimiento de Oltra fue igual de ofensivo: puso a Ayoze, cambió de banda a Omar y retrasó a Juanlu al lateral, para sumarle a la iniciación de juego desde el fondo. Luna quedó en el lateral izquierdo.
Final trepidante.- El Tenerife empujó lo que pudo, Mikel Alonso se hizo dueño del centro del campo, con su oficio, su sentido de la posición, su capacidad para quitar... parece claro que es la pareja ideal de un Ricardo que en esos minutos robó balones por todo el campo y conectó con los de arriba y buscó las bandas, en las que Omar, antes y después, dio un recital de clase, de habilidad, de desequilibrio. El canterano le provocó dos acciones de tarjeta a Konko, pero el árbitro no se atrevió con la segunda, y aguantó con frescura hasta el final. Precisamente una acción suya en el fondo dio origen al centro de Juanlu que remató con su sello Nino, a la red. El golazo del delantero abrió un tramo final de partido tenso, con el público volcado y con el Tenerife desatado en busca del punto. Es verdad que pudo sentenciar el Sevilla, que ganó la espalda a Luna varias veces y puso la pelota en el área chica con peligro, pero también es cierto que el Tenerife fue el dueño del juego todo ese tramo final. Oltra metió a Dinei por Juanlu, dejó defensa de tres y se lanzó arriba con un 3-2-3-2, pero la falta de frescura dejó la reacción en un intento desconsolado.
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