EN EL INICIO de este editorial nos parece oportuno comentar la carta que nos remite, junto al correspondiente artículo, un apreciado colaborador de EL DÍA. "Quiero expresarle, don José, mi admiración por su muy valiente línea editorial, la cual sería perfecta si no zahiriera tanto a la isla Tamarán, con una población que en su mayoría también podría considerarle a usted el benefactor de la nación canaria soberana e independiente, por su desvelos y gran riesgo económico al apoyar la ansiada dignidad, libertad e independencia de este archipiélago canario no-estado".
Muy bien expresado. Le damos las gracias a este apreciado y generoso colaborador, pero le decimos que no zaherimos a la isla Tamarán, ni a la isla Canaria, ni a la isla conocida por todo el mundo como Las Palmas, que en realidad, geográfica y demográficamente, ocupa el tercer y segundo lugar, respectivamente, entre todas las del Archipiélago. Zaherimos a sus políticos y a los rapiñadores, porque son evidentes las rapiñas, robos y despojos que Las Palmas ha cometido en las otras seis islas, y de forma especial en Tenerife; la mayor, la más poblada y la de paisajes más diversos de todas ellas. Canaria ha arrasado con muchas instituciones, entidades y empresas, tanto públicas como privadas, así como oficinas administrativas que estaban en Tenerife. Y lo ha hecho al amparo, y con el consentimiento, del PSOE y el PP, porque estos partidos estatales tienen sus sedes y sus mandos centrales en Las Palmas. Con el silencio cobarde y cómplice de ATI y más tarde de CC.
NO NEGAMOS que en repetidas ocasiones hemos dicho lo evidente: Canaria es una isla de secarrales, calva de montes, con una capital siempre bajo la panza de burro, aguas salobres salvo las que brotan de unos pocos manantiales y playas peligrosas. Recordamos que en Las Canteras no se ha ahogado más gente gracias a la intervención de Sandokán, personaje popular y muy conocido, hoy impedido para realizar su humanitaria labor. ¿Mentimos cuando decimos esto? ¿Es que no estamos expresando la pura verdad? Nosotros no tenemos la culpa de que la verdad, siempre crítica y dolorosa, ofenda a alguien. Por si fuera poco, la tercera isla está aprovechando las campañas turísticas de las demás gracias a esa majadería de la marca única. De igual forma, sus dirigentes utilizan en beneficio propio el indebido "gran" en su nombre.
Y SEGUIMOS con Canaria. En nuestro comentario del pasado viernes volvimos a hablar del disparatado tren que quieren construir entre Las Palmas y el sur de la isla. Hoy incidimos nuevamente en este asunto porque se trata de un proyecto de millones de euros. Una ingente cantidad de dinero que va a salir de los impuestos de los canarios y los peninsulares, sólo para cumplimentar un capricho de políticos indecentes que engañan y exprimen al pueblo para tener los bolsillos llenos. Hablamos de bolsillos políticos y de saqueos igualmente políticos, pero saqueos a fin de cuentas. ¿Puede alguien como Román Rodríguez, uno de los más acérrimos promotores del trencito canarión, presentarse ante la opinión pública sin que se le caiga la cara de vergüenza?
Una vez más advertimos desde las páginas de nuestro periódico de que ese tren es un despilfarro. Para empezar, ni siquiera hay recorrido suficiente porque 57 kilómetros suponen una distancia insignificante para este tipo de transporte. Tampoco hay pasajeros. En Canaria, la mayor parte de la población está concentrada en la capital; una ciudad formada con sucesivos aluviones demográficos, pues la sequía y el mal clima ha expulsado a numerosas personas del medio rural. Al no haber suficientes pasajeros y ser tan corto el recorrido, no hay necesidad de construir tantas estaciones, algunas de ellas subterráneas porque no hay espacio en la superficie. Esto aumenta su coste. ¿Se puede extrañar alguien de que pronto empiecen a llover las denuncias por prevaricación y, posiblemente, también por malversación, como dijimos en nuestro comentario del viernes y hemos dicho también en numerosas ocasiones anteriores? También destacamos en nuestro comentario del viernes algo que se ha dicho siempre: en Canarias no hay trenes ni ríos. No puede haberlos por la limitación del territorio. Sólo en Tenerife cabe este medio de transporte, debido a la longitud de la Isla y a que la población está armoniosamente repartida en ella.
CAMBIAMOS de tema. Actualmente son dos los líderes políticos, cofundadores de sus respectivos partidos, capaces de conducirnos a la independencia. Es decir, a la libertad; a la gloriosa situación de tener nuestra propia patria y ser canarios, no indígenas al servicio de españoles que nos visitan con salacof y otras prendas adecuadas para acudir a las colonias, y tampoco europeos ultraperiféricos. Nos referimos a Antonio Cubillo, líder del Congreso Nacional de Canarias -brazo político del MPAIAC- y a José Luis Concepción, uno de los fundadores del Movimiento Patriótico Canario. Ambos están en activo para conseguir la libertad de nuestra patria. Los dos se mueven en Madrid, Bruselas y Nueva York para que tanto las instituciones españolas como los organismos internacionales asuman que Canarias es una colonia por mucho que España, temerosa de perder la teta, nos haya disfrazado de comunidad autónoma. Concretamente, tanto Cubillo como Concepción han enviado informes al Comité de Descolonización de los Pueblos de la ONU para que los responsables de este organismo sean conscientes, como nos consta que lo son, de que las Islas Canarias deben figurar en la lista de los territorios que han de ser liberados antes de que concluya el año 2010.
CANARIAS tiene que romper sus cadenas, pues padece una esclavitud administrativa y política que le impide progresar. Madrid rapiña nuestras riquezas. Las oficinas recaudatorias de la Hacienda española nos esquilman. Hace seis siglos que el sudor de la frente de los canarios enriquece a nuestros amos peninsulares. ¿Hasta cuándo vamos a seguir así? Tal vez pronto seamos libres y tengan que marcharse de nuestra tierra, si no cambian de idea, los amantes de la españolidad y los godos que nos odian. Los peninsulares deseosos de integrarse y compartir nuestras costumbres serán bienvenidos.
Destacamos algunos párrafos del artículo que publica en nuestras páginas de Criterios, como cada domingo, el patriota José Luis Concepción. "En democracia decide la mayoría y se supone que tiene la razón, aunque no siempre es así", afirma el líder del Movimiento Patriótico. "En Derecho, no obstante, el que tiene la razón le gana a la mayoría porque le asiste la ley, y este es el caso de Canarias; un pueblo fuertemente colonizado y atemorizado debido a la enorme rentabilidad que estas Islas tienen para la Metrópoli". Totalmente de acuerdo. De igual forma, coincidimos con este patriota cuando escribe que "la inusitada preocupación que han demostrado recientemente algunas personas notables con sus declaraciones públicas, respecto a nuestra libertad, es el mejor síntoma de que estamos acercándonos al día más glorioso de nuestra Patria. De nada les vale ya que sigan mintiendo al pueblo canario y que afirmen falsamente que esto no es una colonia, intentando desacreditar a los independentistas, a los nacionalistas auténticos, en vez de abordar la realidad de una tierra que está siendo descaradamente explotada, al tiempo que aumenta la pobreza y la quiebra de muchas empresas. Y mucho más grave aún es la situación en la que se encuentran nuestras Islas, rodeadas de mar perteneciente a la Zona Económica Exclusiva de Marruecos; o sea, cada una de ellas dividida por aguas jurisdiccionales de otra nación. Esto es realmente asombroso".
¿Cuántas veces hemos hecho nosotros este mismo planteamiento? Todos nuestros grandes males se derivan de un gran embuste: la mentira de decir que esto es España. Una mentira en la que reincidía hace escasos días un periódico que se publica en Tenerife, pero que está al descarado servicio de Las Palmas. Cada vez que alguien paga un euro por adquirir uno de los pocos ejemplares que publica, perjudica a Tenerife y beneficia a Las Palmas. Menos mal, como decimos, que se vende muy poco, aunque la empresa que lo edita todavía no se atreve a cerrarlo porque sus responsables quieren que siga narcotizando al pueblo de Tenerife. Una tarea en el que lo apoya otro rotativo pro canarión, igualmente de exigua tirada. Da igual; por mucho cloroformo que inyecten esos panfletos para que el pueblo siga con su somnolencia, esto no es España. No lo es por mucho que se empeñen los amantes de la españolidad. Que se coman a España con pan; que se vayan. Y con esto no los estamos expulsando, ni los expulsaremos. Después de todo, tal vez no molesten más estos declarados amantes de la españolidad de Canarias que los falsos nacionalistas. Nacionalistas que nos han salido ranas, como la señora Oramas, el señor Perestelo y el señor Belda; el otro que quedaba como ejemplo del más vergonzoso españolismo.
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