Criterios
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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Ni malvados, ni incoherentes

22/nov/09 07:40
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SE PREGUNTA una lectora de periódicos, en un mensaje enviado a la edición electrónica de un diario nacional, si pronto veremos a los tripulantes del "Alakrana", o a cualquiera de sus familiares, participando en un programa de tele basura y cobrando por ello. Posiblemente, sí; si no todos, al menos alguno caerá rendido ante el poderoso caballero. El propio Wilde confesó que podía resistirlo todo menos la tentación. Y en el fondo, ¿a cuenta de qué tanto aspaviento? ¿No hemos constituido una sociedad en la que todo resulta lícito si es para beneficio personal? ¿Posee hoy algún valor la palabra dada? ¿Se recompensan los gestos generosos? En absoluto. Se lo dijo una noche Tierno Galván a Joaquín Leguina mientras ambos paseaban cerca de la entonces inconclusa catedral de la Almudena: "Tenemos que terminar eso aunque nunca nos lo agradecerán, pues ninguna buena acción queda jamás sin su justo castigo", sentenció el entonces alcalde de Madrid. El Gobierno español ha cometido varios errores durante el secuestro del atunero vasco, sin duda, pero también ha conseguido que todos sus tripulantes regresen a casa sin un arañazo. No se merecía un desplante postrero de algunas -y digo algunas, no algunos- que han estado haciendo declaraciones a los medios con el deje matón utilizado por Belén Esteban y similares en programas de controvertida estética.

"Malvada e incoherente". Así califica Pedro J. Ramírez, director de "El Mundo", la actitud de los familiares vascos al no querer viajar hasta las Islas Seychelles en un avión de la Fuerza Aérea española. Ni lo uno, ni lo otro. Malvada, lo dudo. Para ser malvado por lo menos hay que pensar. Y la sociedad española, incluida la sociedad vasca que es parte de la sociedad española mientras no se decida formalmente lo contrario -y casi con toda seguridad nunca se decidirá ni formal ni informalmente lo contrario-, hace tiempo que dejó de pensar. Hace mucho tiempo que se lo impide a los vascos y nos lo impide a todos esa falsa idea de que somos los superchachis. Tan estupendos, que nos permitimos nombrar como ministra de Defensa a una señora embarazada de siete meses. Y que no me caiga encima el feminismo andante: pueden ser excelentes ministras de Defensa -o de cualquier ramo que exija dar un puñetazo sobre la mesa cuando es preciso- mujeres como Fernández de la Vega o Esperanza Aguirre, por citar a féminas de partidos opuestos, amén de otras muchas, pero no Carme Chacón. Las chulerías, aunque vengan de un presidente del Gobierno, terminan por pagarse.

Sin embargo, vivimos también en un tiempo donde estas y otras bravuconadas son admisibles por la población. Incluso son bienvenidas. Porque en una cabeza desalojada de criterios caben muchos disparates. No; los familiares vascos del "Alakrana" no han dejado plantado al Gobierno de Zapatero por maldad. Le han hecho el corte de mangas porque la ignorancia con que les ha vendado los ojos el dogmatismo euskaldún les impide ver que el País Vasco carece de peso específico más allá de sus fronteras. Los gudaris están bien en los cuentos que narra el abuelo en los caseríos, y poco más. Cualquier escenario de conflicto internacional en el que nos movemos actualmente, a poco que caminemos por ahí fuera, guarda escaso parecido con los campos floridos y las verdes praderas del carlismo. Pensar implica conocer; poseer cuando menos cierta cultura sobre el asunto que nos mueve a la reflexión. Y los españoles de hoy, especialmente aquellos que llevan casi tres décadas inmersos en los nacionalismos radicalmente separatistas, han dejado de conocer su propia historia hasta el punto de que son incapaces de comprender, y eso acaso sea lo peor, que una comunidad autónoma con 2.800.000 habitantes es pan comido para cualquiera en un planeta global; en un planeta, guste o disguste, en el que hasta el terrorismo y la piratería están tecnológicamente muy dotados. Basta ver lo sucedido con el atunero vasco: una banda de filibusteros menesterosos ha tenido en jaque a unas Fuerzas Armadas -las españolas- que se mantienen entre las más importantes del mundo, pese a los intentos zapateriles por desmantelarlas; sobre todo por desguazarlas moralmente. ¿Por qué no envió el PNV a sus gudaris? Porque no los tienen; y si los tuvieran y los hubiesen enviado, habrían vuelto a casa en pelota picada después de recibir una felpa descomunal. El honor de los vascos es muy respetable, pero hay que tener con qué defenderlo. No basta con que lo diga un papel, aunque sobre ese papel esté escrita la Constitución española, el Estatuto de Guernica o una sentencia judicial.

Si no ha existido maldad en el desplante, tampoco puede haber incoherencia en la actitud de esos familiares. Al contrario: ha habido coherencia. Porque en la España del disparate, cual es la España actual, en modo alguno puede ser incoherente que la Armada gaste 70 millones de euros -rescate aparte- en solucionarle "su problema" a un pesquero que faenaba fuera de la zona de seguridad y enarbolando la ikurriña. Esencialmente porque esos 70 millones han salido del bolsillo de todos los españoles, de igual forma que todos hemos aportado un poco de indignidad personal al gigantesco ridículo colectivo de un país otrora respetado y temido en Europa y en el mundo. Conviene que tengan presente esto los pescadores del "Alakrana" y sus parientes cuando empiecen a menudearse por los reality shows. La decisión de no salir en la tele ayer, a su llegada a Madrid, suena a picaresca de folklóricas que impiden la presencia de la prensa en su boda para luego venderle el reportaje al mejor postor. Qué arcadas me da el tinte rancio con el que se pretende enmascarar tanta decrepitud.

rpeyt@yahoo.es

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