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DESDE BÉLGICA VICTORIA DORTA S.

A mi manera

22/nov/09 07:40
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EL CANDELABRO multicolor de ocho brazos, me miraba con cara de pulpo ingenuo mientras yo intentaba encontrar un tema sobre el que escribir esa tarde oscura y fría. Quizá aquel cefalópodo inmóvil de abstracto colorido y mirada impresionista, estaba insinuando sin palabras que yo le diera vida a sus tentáculos; de alguna manera, me estaba indicando en silencio que encendiera sus velas de una vez por todas. ¿Cómo podía yo negarme a tales pretensiones luminarias y quedarme tan campante? Ni soñarlo; una servidora no podía ser tan cruel e insensible como para no hacerle el gusto al metálico trofeo. De repente, un movimiento maquinal rompió el hielo del momento con la lumbre de una chispa emocionante y deseada. Acto seguido, un clic de tacto certero desvaneció la luz que reinaba en el techo. No se explicarles el porque de mi acción decidida; lo que si se, es que unos instantes después el raro y decorativo objeto, iluminaba el salón con un brillo divino. Les cuento que el esplendoroso trofeo, no estaba solo en tan lumínico e improvisado debut; lo acompañaba en la aventura su destino y una sufrida chimenea con el alma completamente en llamas. Él era el anfitrión de ese día en concreto, de esa fecha sin nombre ni apellido; el monarca absoluto y caprichoso de una velada que acababa de llegar empujada por las horas y minutos contenidas en la esfera de turno. Me senté a la mesa redonda de cristal heredada del pasado y miré frente a frente a "inspiración", mientras sacaba algunas frases de mi mente. ¿Qué más podía parir mi creativa idea? Me pregunté a mi misma. Tal ves contarles el relato de que ese día me encontraba completamente arropada, como de costumbre, por mi pequeño jardín botánico casero de agradecidas plantas; o que el persistente murmullo de la lluvia se había convertido poco a poco en un diluvio de nostalgia y sentimiento, sin que ella, por su puesto, lo hubiera pretendido. Sigilosa y decidida, me instalé al otro lado del tiempo y del otoño. Recorrí con la mirada la pared y me senté a los pies del viejo drago del cuadro; dibujé con el recuerdo unas gaviotas que en libertad volaban, en busca de su sino y regresé sublime una ves más, de mi viaje preferido.

victoriadorta@live.be

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