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Cartas al director

22/nov/09 07:40
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El aluvión de 1950

Las intensas lluvias que han azotado estos días el Norte de Tenerife, con especial intensidad el Valle de La Orotava, han despertado el recuerdo de otro fenómeno de similares características ocurrido en el año 1968. Sin embargo, las crónicas no han reflejado otro aluvión de igual naturaleza ocurrido en el año 1950, concretamente el día 9 de noviembre, con especial incidencia esta vez en el barranco de Los Naranjeros, en el lugar denominado Los Trazos, que, aparte de los daños materiales provocados, produjo lamentablemente el fallecimiento de dos miembros de la familia Jiménez, de La Orotava, tíos de mi mujer.

Los hermanos Enrique y Santiago Jiménez, antiguo oficial de Tráfico del aeropuerto de Los Rodeos, junto con Chelo, su joven esposa, padres de los conocidos pilotos Jaime y Juan Carlos Jiménez, circulaban por la antigua carretera del Norte cuando la intensidad de la lluvia les obligó a detener el automóvil junto al puente del barranco. Fue en ese preciso momento cuando se produjo un aumento de la riada que, rompiendo el muro de protección y arrastrando coches y personas, ocasionó la muerte de Enrique y de su cuñada Chelo, sobreviviendo sólo Santiago al asirse a las ramas de un árbol caído. Aunque lograron sujetar en un principio a la mujer, una segunda oleada terminó por arrastrarlos barranco abajo.

Yo era muy joven en esa época, pero creo recordar que entre las personas que con su coche se encontraban en el lugar estaba el señor Montesdeoca, por entonces alcalde de Icod de los Vinos, que tuvo la suerte de salvar la vida aunque salió del agua completamente desnudo.

Francisco de Salamanca de la Peña

La obligación de pagar

Resulta obvio el título de la carta de hoy. Cualquier hijo de vecino te dirá que hay que andarse con ojo en este tema, porque te pueden embargar el piso, la cuenta en el banco o en la caja, el sueldo y, por supuesto, todo lo susceptible de ser embargado.

Esto que acabo de escribir es cierto, morrocotudamente exacto, para mí, para usted y para casi todos los mortales que hemos de considerarnos ciudadanos de a pie, aunque en ocasiones con adulación nos llamen caballeros. ¿Qué clase de caballeros vamos a ser si nunca nos armaron como tales y jamás tuvimos un modesto rocín?

Otra cosa bien diferente es que la deuda sea contraída en nombre de una empresa pública local, regional o estatal, ayuntamiento, cabildo, secretaría o subsecretaría. ¡Ahí te quiero ver, morena! Antes, estos trabajos se los rifaba el personal, porque, aunque a veces se demoraban en cumplir, pagaban con algo de retraso, pero el espacio de tiempo no adquiría proporciones seculares. Ahora, cuando hablamos de que hay que ayudar a las pequeñas empresas, dada la situación "crísica" por la que pasa el país, resulta que estos organismos, no es que se demoren, es que se olvidan de las obligaciones contraídas, y a los proveedores les dan las uvas hasta que les abonan el primer plazo de la deuda. Plazo que nunca se pactó, pero que no queda otra solución que aceptar, si no quieres quedarte sin un poco de numerario, para continuar empeñándote en nombre de la patria, con mayúsculas o con minúsculas.

La deuda, obligatoriamente, como no podía ser menos, tiene que ser comprobada, aquilatada, supervisada y vuelta a comprobar, llevando cada una de estas operaciones la intemerata. Hay un protocolo tan farragoso que el auténtico milagro es que acaben por pagar lo adecuado. Curiosamente, los firmantes de cada una de estas autorizaciones, de estos conformes, cobran el día correspondiente de mes, generosamente en muchas ocasiones, sin tener en cuenta jamás que toditos somos hijos de N.S., y que podrían intentar hacer felices a los demás en otras fechas no necesariamente navideñas.

En otras palabras, que no estaría de más pagar, una vez comprobada la deuda a la mayor brevedad, procurando no ahogar a los que cumplen debidamente los encargos. No pueden pasarse los cheques, las órdenes de ingreso encima de las mesas de los señoritos de turno, un tiempo injustificable esperando la caridad de una firma.

Nunca he podido explicarme cómo, siendo necesarias tantas firmas, tantos controles para manejar el dinero público, nos enteramos de que este dinero caprichosamente toma otro camino distinto al correcto. Estos trileros, estos prestidigitadores del visto y no visto, que curiosamente no se sonrojan, porque encima reciben el calificativo de presuntos, debían ser considerados como lo que realmente son: unos auténticos ladrones sin guante de ninguna clase. Estos jetas tienen callos en el rostro y jamás van a sentir vergüenza, antes bien, presumirán orgullosamente de su falta de decencia, si es posible en la tele, para que encima les paguen.

José Luis Martín Meyerhans

Todo un señor

Me gustaría hacer un comentario del artículo del señor Zerolo, publicado en este periódico el 27 de octubre, y al que tengo que darle toda la razón, tanto a nivel personal como político.

Yo soy una ciudadana, por delimitación urbanística, de la zona de Ofra, santacrucera y geográficamente del pueblo canario. Soy uno de esos puntitos que van por las calles y que, visto desde las alturas en donde la mayoría de los políticos y agregados se creen que se encuentran, nunca le han dado un gracias, una palabra de ánimo o una frase de consuelo. Eso se deja para los amigos más allegados y que son más cercanos a su entendimiento político o personal. Y aunque Vd. se encuentre en ese lugar, le aseguro que, desde mi punto de vista, nunca le he considerado altivo o inalcanzable.

Todo lo contrario. Creo que es uno de los pocos políticos que no nos ve como simples puntos en el horizonte de la ventana de su despacho, honesto, sencillo, cercano y preocupado por los problemas y las gentes de su ciudad y entiendo que para muchas cosas se encuentre con las manos atadas para perjuicio de los ciudadanos y beneficio de algunos cazapuestos y parásitos.

En mi humilde y poco preparado juicio político, estoy de acuerdo con Vd. en que lo que está fallando ahí dentro es que ya no hay oponentes o adversarios, sino enemigos, y que por el cargo que tiene lo han colocado en una diana a base de zancadillas y oportunismo, donde se pasa la vida esquivando dardos. Es inevitable, tal y como están funcionando la política y la justicia, que más de uno de esos dardos le rocen o le puedan dar de lleno a Vd. y de rebote al pueblo de Santa Cruz.

La política, que como Vd. bien dice, debería ir de la mano de unos ideales y una integridad dirigidas a defender el bien de la comunidad, se ha convertido en algo sucio y malintencionado, en donde, para muchos, esos ideales desaparecen o se cambian alegremente hacia el lado de donde se pueda chupar más a costa del pueblo y en sus propios intereses.

Mucha gente de esta ciudad, incluida una servidora, seguimos creyendo en su política y en su persona, con sus aciertos y sus errores, que muchos ni siquiera son propios sino provocados por otros, intentando cortar una cabeza de turco, y qué mejor cabeza que la suya, y con ella su cargo, que ansía más de uno.

Sr. Zerolo, siga con su política tal cual y siga siendo gente de bien. Tiene talento y un trabajo muy duro para con esta ciudad, y si le gusta y cree en lo que hace, le aconsejo que se coloque una fuerte armadura que contrarreste todos esos dardos, y rodéese de gente competente y segura que le ayuden a tirar del carro, quitándose de encima, en esa pequeña jungla encorbatada en que se ha convertido la política y su entorno, todo lo que está ahí metido, hincándole el diente a todo lo que pueden y dando lo justito. Así funcionan los enchufes y las conveniencias.

Si consigue ese antivirus, puede que ese tiempo para saborear esas pocas chuches que aún puede que le queden en su paquete personal y en la ya cuenta atrás de su vida sean de calidad y en buena compañía, que es realmente lo que deseamos todos y cada uno de los canarios. Su meta está claro que también es la nuestra y estoy de acuerdo en que debemos aprovechar ese valioso tiempo que a veces dejamos perder y del que sólo nos acordamos cuando ya no lo podemos recuperar o no nos queda. En su mano está defender nuestro orgullo como ciudad y a su gente santacrucera, como un ciudadano más y preocupado por ella.

Gracias por sus logros y un apoyo para lo que se proponga conseguir por el bien de esta ciudad.

Miriam Gómez

 

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