1.- Mi admirada María Rosa Alonso, que ahora reside en el Puerto de la Cruz, cumplirá 100 años el día de los Santos Inocentes. Una de las glorias de la literatura canaria podrá contar la crónica de un siglo vivido, pues se mantiene con una envidiable lucidez. María Rosa ha escrito piezas inolvidables de la ciudad en la que ahora vive, a un tiro de piedra de mi despacho y de mi casa. Profesora aquí y en la Universidad de los Andes, Juan-Manuel García Ramos y yo seguimos su rastro allá, en Venezuela, donde era muy recordada por la autoridad académica y por tantos de sus alumnos. Quizá no le guste a María Rosa que hable de su edad, por coquetería, aunque su biografía es tan conocida que será difícil ocultarla. Pero cien años son cien años y llegar al siglo con esa mente y esa fuerza es muy difícil para muchos. Para casi todos. Ojalá que esta mujer tan educada y cortés, tan inteligente y sabia, dure muchos años más en plenitud, para gloria de nuestra literatura. Yo fui muy amigo, en sus últimos años, de su hermano Elfidio . Don Elfidio era un médico sin ejercicio, pero también -y mucho más- un periodista de raza y un hombre de mundo. Un humanista. Le encantaba charlar. Le entrevisté una vez, cara al público, me parece que fue en el Instituto de Estudios Canarios -en realidad no lo recuerdo bien-; y fue una delicia. Una de esas entrevistas que ahora hace Juanito Cruz y que se han puesto tan de moda. Pues yo ya las practicaba hace tantos años. Juan del Castillo dijo, en la radio, que ese centenario no puede pasar desapercibido. Y es cierto. Hace falta organizar unos fastos apropiados, con el motivo reseñado, y que la gente recuerde a María Rosa en su centenario: lo que es, lo que significa, lo que ha hecho por nuestras letras canarias.
2.- Don Elfidio donó su biblioteca fuera de aquí porque aquí no le hicieron caso. Como siempre ocurre. Fue director de ABC durante una etapa tan convulsa. Era dueño de una pluma de acero, pero, más que nada, un humanista. Como lo es su hijo, mi buen amigo Elfidio Alonso Quintero . Este último Elfidio fue el mejor cronista de baloncesto, el mejor cronista de cine, el mejor cronista musical y el mejor cronista de política internacional. Era, y es, un personaje versátil que lo mismo sabe de endechas que de cine negro americano. Fundador de Los Sabandeños, es el depositario del inmenso legado del grupo y poseedor de una vasta cultura y de una fina ironía. Don Elfidio, su padre, gustó siempre de vivir bien. Era un caballero y le encantaban los paseos por la playa de La Concha, durante su estancia -larga- en San Sebastián. Una vez comí en Arzak con él. Nos invitó mi amigo Pedro Duque , tristemente desaparecido este año. Don Elfidio también ejercía de gourmet: poseía un finísimo paladar y presumía de visitar santuarios gastronómicos muy reconocidos, que allí creo que se denominan chocos, o algo parecido. Era don Elfidio, como don José Arozena Paredes , culto abogado y crítico literario, un hombre de esquinas. Así lo hubiera definido mi buen amigo, también desaparecido, Paco Pimentel. Ya conté una vez que a Pimentel, siendo guardia municipal de Santa Cruz, siempre en oficinas y de paisano, le pusieron una guerrera de gendarme, dado el absentismo de sus compañeros, para que una mañana dirigiera el tráfico en la zona del mercado. Armó tal caos que lo fueron a buscar sus compañeros con la chivata, lo regresaron a su trabajo burocrático y nunca más permitieron que se vistiera de policía.
3.- Pero estábamos en los cien años de María Rosa. Nunca vi a una persona manejar tan bien el lenguaje en intervenciones públicas. Siempre leí y escuché con admiración a esta dama tinerfeña cuyos papeles tanto han enseñado y tanto y tan bien han contado nuestras cosas. Hoy vive más cerca de la ñamera de la plaza del Charco, que ella cantó, en sus pausas con -de- Viana . Respira el aire portuense de La Paz, entre las fincas de los Cólogan y de los Yeoward , dos familias de la historia de mi pueblo. Y lee y probablemente escribe, aunque nadie me lo haya dicho. Así que felicidades, María Rosa, que cumpla usted muchos más y que, de vez en vez, cuando lo crea oportuno, nos deleite en este periódico con uno de sus celebrados y leídos artículos sobre cualquier cosa. O sobre Viana; o sobre la vida.
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