DECÍAMOS en la calle 6 que cuando aquí caen un par de gotas todo se paraliza. Y es verdad, las infraestructuras rayan a medio camino entre el mundo desarrollado y el mundo sin desarrollar. Los barrios altos, por ejemplo, de las principales ciudades de las islas están a media distancia entre las favelas del Brasil y las peores acumulaciones urbanas de Londres. Entre Hawai y Bombay. No estamos preparados, se colapsan las canalizaciones y descubrimos que muchos sumideros no funcionan, se detiene el tranvía con una cola de mil demonios, los semáforos se estropean bloqueando la circulación, se va la luz, en cualquier llano aparece un charco y en la plaza del Charco, un lago. La mitad de los barrios redescubre sus enormes carencias y la sensación de emergencia, sobre todo desde el tropical Delta, que desata el miedo a la catástrofe. Los tambores de alarma retumban en la población, que sale por patas a buscar al chiquillo al colegio. Los móviles echan fuego y los vagos se sienten aliviados por la excusa para no ir a currar.
Pero también es cierto que, en los cinco territorios occidentales, las pendientes son de una inclinación y envergadura extremas. Pocos sitios (muy habitados) en el mundo, en tan corto espacio alcanzan alturas equivalentes. El fundamento de cinco de nuestras catedrales volcánicas son las cuestas y empinaduras, sube pa'rriba, sube pa'rriba o lo que es más peligroso en el caso del líquido, baja pa'bajo, baja pa'bajo. Hay lugares en lo que llamamos medianías y cumbres con vías urbanas incidiendo en pendientes en torno al 50%. Casi que te caes de entrada. El agua, si se vierte en lo alto de la escalera, baja con violencia de estampida, lo mismo que un balón perdido dando botes.
Las tormentas asimismo son habituales en la finalización del otoño. Luego ya, en toda la temporada, las grandes acumulaciones de nubes vienen haciendo remolinos o molinillos desde Norteamérica, como la maldita crisis, e impactan con virulencia en nuestras paredes. ¡Bumba!, traen altura y concentración de H2O, y normalmente, fustigándonos con el látigo de su coleta inferior, pica el alacrán de la borrasca haciendo el riego tan dañino como el producido por la púa del animal. Me acuerdo de asomarme en el puente Zurita y ver el río Nilo, o mejor las cataratas de Iguazú bajando atropelladas con lodo hasta casi el borde (ahora hay una carretera). Los surcos que se manifiestan en la orografía de todas las islas, llamados barrancos y correntías, no se han inventado por el ser humano ni los ha hecho una retroexcavadora y sí que se han caído literalmente del cielo. Son las heridas cicatrizadas de anteriores episodios y muestran a las claras que con eso tenemos que contar. El que no se ha escondido tiempo ha tenido. Las venas de la tierra han sido diseñadas por la naturaleza para conducir hacia el mar semejante empache o avalancha instantánea.
Todas las islas han sufrido (a mí, viniendo del sur y a la altura de Arico, me cogió un palo de agua que con los limpiaparabrisas a cien y todos los coches a veinte por hora se asemejaba al fin del mundo). Por ejemplo, los municipios de Icod de los Vinos, Los Realejos, La Orotava, Vilaflor o Puerto de la Cruz, en el norte de Tenerife, sufrieron durísimas inundaciones en viviendas, garajes y locales comerciales.
Aclaremos, pues, que una vena o barranco es un vaso que transporta agua desde el corazón al mar. Las membranas conductoras tienen una pared más honda que las arterias de otros sitios, debido al menor espesor de la capa muscular, pero tiene un diámetro mayor porque su pared es menos distensible, con poca capacidad para acumular líquido. En el interior de las venas existe una válvula llamada pendiente que impide el retroceso y favorece el sentido desde el corazón. Cuando va cargada la vena, aumenta la velocidad de la sangre. La aparatosidad y el peligro de sufrir un infarto se disparan. Peligro.
Por lo tanto, las venas necesitan una buena oxigenación. Al hacer ejercicio, la presión extra provoca la expulsión de agua desde los músculos contraídos hacia los compartimentos formados por tejido conectivo fibroso. El incremento de agua a nivel muscular causa una inflamación de estos tejidos haciendo que resulten más densos y gruesos.
A quién se le ocurre taponar la vena.
infburg@yahoo.es
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD