UN NÚMERO elevado de cronistas e historiadores -Alvar García, 1420; Antonio Cedeño, 1478; Pedro Gómez 1480; Viera y Clavijo 1527; Leonardo Torriani 1590- que llegaron adjuntos a los hombres de armas durante el sometimiento de las Islas a la Corona de Castilla hacen referencia a la práctica de una modalidad de lucha por parte de la población autóctona del archipiélago.
Una disciplina de fuerza, destreza y valentía que en esa época histórica se practicaba y que sin duda alguna es el germen de la actual lucha canaria. En cuanto a las teorías existentes sobre su origen la más extendida es la que defiende que, dado que los aborígenes, en tiempos anteriores a la conquista, casi que no tenían contactos entre los distintos territorios y que este tipo de agarradas se encontraba extendido por todas las islas, debió de estar contenida en los elementos culturales que desembarcaron las primeras tribus del Norte de África. Existen en la zona del Atlas formas preárabes de lucha similar que se pueden "emparentar" con el enfrentamiento que se practicaba antiguamente.
Las conclusiones que se extraen de la modalidad de brega de esa época son: 1. Hay detalles de estilos o mañas muy similares a las actuales. 2. Queda en evidencia el desarrollo de los desafíos, la manera de agarrar, algunos nombres de técnicas y la peculiar nobleza del deporte. 3. Aunque existían otras formas, los enfrentamientos lo eran a lucha corrida. 4. Los luchadores utilizaban el tamarco como agarre. 5. Hay crónicas en las que se cuenta que se solían untar el cuerpo de manteca o sebo para dificultar el agarre al adversario. 6. Aparece la figura de los jueces u hombres de honor.
El insigne lagunero Antonio de Viana (La Laguna, Tenerife, 1578 - ¿1650?) comienza describiendo unas fiestas en la corte del rey Bencomo, en el Valle de La Orotava. Asisten los guanches del Estado, nobles, ancianos, principales, ricos, todos precedidos por el gran mencey. Resuenan las músicas rústicas (flautas y tamboriles), y comienzan los bailarines solemnes "muy honestos, muy sencillos, muy higiénicos", que consistían en hacer saltos, vueltas y mudanzas. Escribe en una de sus poesías "Salen luego a la lucha dos mancebos briosos, bien dispuestos y valientes, desnudos, mal revueltos los tamarcos, por bien de honestidad a la cintura; demuestran lucios los nervosos brazos, desnudos muslos y vellosas piernas, untadas con manteca, porque siendo asidos y apretados con las manos resbalasen, mostrando más fuerzas; eran los dos gallardos luchadores, el uno Rucaden, otro Caluca; mídense a brazos, hacen firmes presas, garran las uñas en la untada carne y exprimen los dedos la manteca los miembros hinchan de los fuertes miembros, ármanse el uno al otro zancadillas, dánse enviones, vueltas y revueltas, soplan casi gimiendo los anhelitos, o por mejor decir medio bramando. Vierten los secos labios de sus bocas amarga espuma de encendida cólera; afirma Rucaden el pie siniestro; carga sobre el cuerpo de Caluca; tuércele un poco, y con diestro brazo le arroja a tierra de una gran caída", en lo que es una descripción al detalle de una maña que bien pudiera ser la tronchada, que luego, mediante juego de pies, pasó a ser la atravesada o pardelera.
Muchas columnas de cemento armado, -el otro día vi a Añaterve y antes a Marcos Ledesma- sustentan en pleno siglo XXI la grandeza del deporte vernáculo, los puntales aparecen firmes para tumbar sin contemplaciones al rival y la familia de la lucha cada vez cuenta con más nuevos titanes.
D. Antonio de Viana estudió en Sevilla la Licenciatura de Medicina, que terminó en 1606 y es posiblemente en esta ciudad donde conoció a Lope de Vega. En lo que respecta al fútbol, mañana saltará al Heliodoro "codo con codo", el Sevilla FC y permítanme que haga la analogía vernácula, hay que tumbarlo por caderas. En la jornada número once hay que meter la tronchada a la Liga. Tampoco es que sean galácticos y en fútbol (ahí tienen lo del Alcorcón o lo del 4-0) los partidos tienen 90 minutos. Se trata de uno de los puntales de la Primera División, hay que reconocerlo, su plantilla es superior hombre a hombre (no corazón a corazón), a la nuestra y el envite normal con la perica y la malilla no nos conviene. Aunque se pierda, mejor si se gana, suena a arrebato de este estilo y de estos hombres.
Tuércele el cuerpo, puntal.
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