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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Un día inmensamente feliz

20/nov/09 07:34
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POCAS veces me he sentido tan feliz en mi vida como ayer al enterarme de que he contribuido con mis impuestos -y ustedes con los suyos- a la felicidad de un puñado de piratas allá en el Cuerno de África. Hasta ocho filibusteros se casaron el miércoles a cuenta del rescate del "Alakrana". Por cierto, ¿quién pagó al final los casi tres millones de euros, el armador del barco o el Gobierno de Zapatero? Sobra decir que en el segundo caso hemos sido todos los contribuyentes españoles quienes a su vez hemos contribuido a la "orgía de dinero, balazos y sexo" -así lo ha descrito un periodista- acontecida en la localidad somalí de Haradhere, la ciudad de los piratas. Cuentan igualmente las crónicas llegadas de aquel violento territorio que los comercios han permanecido abiertos sin hora de cierre, y que las fulanas están haciendo su agosto en noviembre. Todo ello a costa de España; a costa de la dignidad española, para ser más exactos. Al fin y al cabo, no todos los días cae el maná del cielo en forma de botín multimillonario. Cierto que al principio los bandidos no se entregaron al jolgorio. Temerosos de que los atacaran las dos fragatas españolas destacadas en la zona, montaron guardia con lo mejor de su armamento y recibieron refuerzos procedentes de otros colegas en el negocio de la piratería. No hizo falta. Como escribió alguien ayer, los caballeros no traicionan la palabra dada, aunque sea a facinerosos. De haber intervenido los buques de la Armada, lo hubiesen hecho para que los forajidos tuviesen la fiesta en paz sin que nadie fuese a robarles lo recaudado.

Me sorprende también enterarme, posiblemente al mismo tiempo que todos ustedes, de que los tres pescadores del "Alakrana" que los delincuentes del mar aseguraron llevar a tierra, nunca estuvieron a más de unos pocos metros del barco. Les dieron un par de vueltas alrededor del pesquero en una chalupa y luego los encerraron en un camarote. Así de fácil consiguieron que todo un país de gallinas se echase a la calle para pedir árnica en patéticas manifestaciones. ¿Pero no los tenía localizados y bien localizados ese portento de estratega militar que es la señora Chacón? Será que en los camarotes del "Alakrana" no hay cobertura de móviles. Bueno, parece que el CNI le facilitó una información errónea a la ministra. Después de todo, nuestros servicios de inteligencia nunca han sido gran cosa. ¿Hay algo de lo que tenemos actualmente que sea gran cosa? ¿Existe algo de lo que podamos sentirnos orgullosos cuando salimos por ahí fuera?

En fin, ya que hablamos de espionaje y de espías, compadezco a Vicente López Pascual por las tribulaciones que está sufriendo. Un pasquín digital filosociata se ha empeñado en hacerle imposible su hoy pacífica existencia en Las Palmas. Hablé con él el otro día y me aseguró lo que, por otra parte, ya está ampliamente publicado: que abandonó El Salvador ocho meses antes de la matanza en la Universidad Centroamericana. Desconozco, insisto, qué hicieron los servicios secretos españoles en El Salvador, si es que hicieron algo, naturalmente. Sin embargo, habría que tener un poco de cuidado a la hora de publicar ciertas informaciones porque pueden causar un daño irreparable. ¿Puede entender esto alguien que ha sido condenado por calumnias, es decir, por imputar un delito a otra persona a sabiendas de su falsedad? Lo dudo; lo dudo y lo siento por López Pascual, que siempre será inocente hasta que un tribunal diga lo contrario.

rpeyt@yahoo.es

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