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EN EL CAMINO DE LA HISTORIA JUAN JESÚS AYALA

¿Dónde están los líderes?

19/nov/09 07:28
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QUIZÁS en ninguna parte porque no existan. Quizás escondidos entre las vorágines personales que, difuminados en sí mismos, no se da con ellos. O en el afán por serlo, y no conseguirlo, encontrándose instalados en la frustración.

Los líderes en la era de la más avanzada tecnología y de la abundancia sobrante, ateniéndonos a nuestra querida civilización, cuando sale algún sucedáneo que así se lo cree, no se encumbran por sí mismos y por el arrastre que sus personas son capaces de producir, desde el embobamiento hasta ser unos perfectos conductores de voluntades, todas inclinadas hacia sus pies y dispuestas a un encandilamiento que haga posible dirigir a buena parte de la gente hacia donde pretende.

El líder, en estos momentos que corren, está mediatizado, compartimentado, disminuido y sostenido por lo panfletario y por cualquier dispositivo tecnológico, dinerario y mediático para proyectarlo, para crearlo.

¿Pero es ese un líder? ¿El que en un momento determinado se eleva, no por sí mismo, sino por dispositivos ajenos a su inteligencia capazl de mover voluntades? ¿El líder, entonces, se hace, se fabrica en una circunstancia determinada haciéndose efímero cuando todo lo que se dispuso para ello, para elevarlo, para sacarlo de la nada hasta la cumbre del poder desaparece?

El concepto de liderazgo se ha devaluado de manera tan escandalosa que cualquiera que tenga algún atisbo de poder, se considera sobrehumano para mirar por encima del hombro al resto y sentirse situado en un lugar totalmente blindado, que hasta para hablar con él hay que pedir no se sabe cuántas audiencias. El líder, el que así se lo cree, no se escandaliza de cómo es ni reconoce sus miserias, y lo peor es que tendrá conciencia de seguir así hasta ni se sabe cuando.

Los líderes que ha habido en la Humanidad, y no hace falta nombrarlos, han existido no porque otros los hayan propuesto en el manejo de voluntades y poder; han nacido y han crecido por sus capacidades y potencialidades.

No sólo fueron héroes de sí mismos y de los demás; no sólo su influencia intervino para alumbrar caminos; no sólo desde la política, sino también desde el pensamiento, contribuyendo de manera decidida a mejorar situaciones y, dentro de su esquema, a propiciar el máximo de felicidad a todos los que estuvieron bajo su manto protector. El líder aquel tenía su propia personalidad, se había hecho por su fuerza y por su convicción.

Convencer cuando se tienen alrededor acólitos y adulones es difícil, expandir responsabilidades y que estas sean aceptadas, no sólo por los corifeos, sinotambién por el resto, es una dimensión importante. Porque desde la cima se puede vislumbrar todo, pero desde el camino llano sólo se verá el horizonte allá a lo lejos si es que no se interpone algún estorbo delante de la vista.

En el convencimiento, en la trasmisión y la contundencia es quizás el camino que podría encarrilar a los que, considerándose líderes, están en los primeros estadios de no sólo serlo, sino también creérselo.

Los pueblos necesitan líderes. Claro que sí. Cualquiera estaría en disposición. Pero la sociedad en su devenir y desarrollo sitúa a cada uno en su sitio. Lo que sube y se encumbra por la fuerza de los poderes ocultos y de los intereses locales y hasta internacionales, cuando las circunstancias que han concurrido para fabricarlos se diluyan y sean otras, les dejará caer al vacío, camino del ostracismo y de la vejación.

El verdadero líder es no sólo aquel que controla a quien pretende controlarlo; no sólo aquel que sabe dónde están los hilos que le quieren mover y los corta; no sólo donde están los conciábulos, sino que, entendiendo todas estas vicisitudes, su contundencia en las consideraciones son tales que todo se queda quieto, estático a su alrededor. Y no es hipnotismo. Es responsabilidad de la que carecen los manipuladores por muy emboscados que estén.

Por eso los que así se consideran y se encuentran dentro de un blindaje que no han fabricado, que es virtual cuando este se derrita como las alas de Ícaro, caerán al suelo, derrotados de sí mismos y van o camino del psiquiatra o hacia un mutismo desolador.

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