Sociedad
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

MIGUEL ÁNGEL DÍEZ MÉDICO ANESTESISTA DEL HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS

"Aunque suene tópico, las sonrisas de los niños hacen que merezca la pena"

18/nov/09 07:31
Compartir
Edición impresa .

L.C., S/C de Tenerife

Miguel Ángel Díaz es médico anestesista y acaba de regresar de Camerún, donde ha estado 15 días en misión humanitaria en el Saint John of God Hospital de Nguti. La iniciativa promovida por la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, se ha llevado a cabo con la colaboración de su Fundación para la cooperación internacional Salud Para Todos, y se ha centrado, además, en la asistencia al paciente, con consultas preanestésicas, técnicas anestésicas y seguimiento del dolor postoperatorio; así como la formación en Traumatología de los sanitarios locales.

¿Había realizado alguna vez un viaje humanitario?

No, siempre había tenido ganas, pero nunca se me había dado la oportunidad de hacerlo.

¿A qué problemas se enfrentaron?

Tuvimos problemas para llegar al hospital, que estaba en medio de la selva, por el estado de las carreteras. Vimos a 108 pacientes de los cuales se iban a operar 31 pero sólo operamos a 21, porque diez de ellos no pudieron llegar por el estado de las carreteras al hospital. La estación de las lluvias en teoría terminaba 15 días antes de llegar nosotros, pero no fue así. Las carreteras estaban prácticamente impracticables.

¿Qué tipo de operaciones realizaron?

De traumatología. La idea era ver a niños con malformaciones congénitas, raquitismo, displasias óseas... Cerca de la mitad de los que operamos eran adultos con fracturas mal operadas o mal consolidadas o mal tratadas.

Todas esas, ¿son patologías endémicas del lugar?

El principal problema es el raquitismo porque la leche está casi ausente de las dietas. Otro problema es la medicina. Aquí (en Europa) nace un niño que mete las rodillas para dentro y le pones unos andadores y le corriges. Allí hemos operado patologías que en Europa no se ven desde hace un montón de años.

¿Ha sido difícil trabajar allí, en Camerún?

Yo he ido a acompañar a otros traumatólogos y a enseñarles a anestesiar a niños y a adultos. Me faltaban medios: no he tenido una máquina de anestesia, no he tenido un respirador. He tenido que ventilar a mano durante dos horas... Fundamentalmente mi labor era enseñar. Había un enfermero, que son los que anestesian, y yo le podía enseñar algunas técnicas que no conocía. El uso de algunas medicaciones que tampoco conocían, pero con el problema de que allí las medicaciones están escasas. Dentro de 15 días la medicación que yo le he enseñado se acaba y tiene que volver a lo antiguo.

¿Cuál es ese modelo antiguo?

Quizás agujas para pinchar espalda de un calibre el triple del que utilizamos ahora. Faltan medicaciones. Yo he tenido que utilizar medicaciones que hace años que no uso. Ahora en anestesia una de las cosas que más ha evolucionado son las medicaciones que utilizamos porque son predictivas. Sabes cuándo empieza el efecto y cuándo acaba y ese tipo allí no las tienen, es un poco a lo antiguo.

¿La intervención más dura que recuerda en este viaje?

Todas fueron operaciones que duraban una media de dos horas porque eran intervenciones complicadas para niños y luego para adultos también se operaban secuelas. La más dura fue la de un niño al que hubo que corregirle las piernas. Se llevó seis osteotomías. Es un poco duro porque sabes que luego el niño lo va a pasar mal, va a sufrir, porque eso duele bastante y los medios analgésicos no son los que tenemos aquí.

¿Repetiría la experiencia?

Probablemente sí. África engancha. Ves que lo que haces, resulta, porque, aunque estemos dos semanas, a los quince días ya empiezas a ver mejorías, las sonrisas de los niños. Aunque suene a tópico, la cosa te cambia. Superas los malos momentos. La experiencia fue dura.

¿Por qué fue dura?

Fueron 15 días sin agua caliente, con poca comida, con cero comodidades. Para un europeo es duro.

¿Cuál fue su labor allí?

Mi labor más que asistencial fue docente, porque allí ya hay enfermeros que son los que anestesian, más formados o menos formados pero hacen su trabajo.

Y, ¿lo que más llamó su atención?

Lo que me llamó la atención es que en 16 días nadie me pidió limosna. Veías a la gente que sobrevivía: todo el mundo compraba y vendía. A las siete de la tarde estaban en los bares, tranquilamente, echándose su cervecita. No vi pobreza y miseria como esperas que vas a encontrar. Por supuesto, no tienen medios. Cuando hablas con ellos te dicen que son países sin oportunidades, van sobreviviendo. Pero comer comen todos los días. La gente vive de otra manera. Es un choque muy grande con tu manera de ver las cosas.

¿Considera relevantes este tipo de viajes humanitarios?

Por los 15 días que yo he estado hay gente que se tira meses. Y no sale en los medios. Son labores duras e importantes. Los hermanos de San Juan de Dios, que tienen el hospital allí, un poquito se quitaban la comida de la boca para que comiéramos. Allí no hay comida como hay aquí. Viven a base de arroz, verdura y plátano frito.

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Sociedad

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: