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Cartas al director

18/nov/09 07:31
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La paz sea contigo...

Hace ya unos cuantos años, cuando se cambió el rito litúrgico en las misas católicas, se repartían unas hojitas con las respuestas a las oraciones del celebrante, así como con las preces de los asistentes.

Recuerdo algo que me ocurrió el primer domingo de aplicación de la nueva norma conciliar. En el momento previo a la Comunión, al rezar "Señor, yo no soy digno...", esto se repetía tres veces, en lugar de una, como se hace ahora, pero para no triplicar el texto, debajo de esa frase-oración estaba escrito en negrita: "tres veces".

Pues un servidor, algo despistado y poco entrenado en la nueva forma de vivir la santa misa, después de leer en voz alta la citada oración, dejé en el aire, de forma totalmente audible una expresión que escuchó media iglesia: "Tres veces", dije en alta voz y quedé colorado como un tomate, por el seudorridículo que acababa de hacer.

Por esas fechas más o menos, se estableció el rito de la paz, o lo que es lo mismo, ese desorden que se organiza de pronto, en que no sólo se conforma mucha gente en dar la paz a derecha y/o izquierda en su banco, sino que se produce una auténtica desbandada de personas que, durante cinco minutos, más o menos, están de aquí para allá repartiendo deseos de paz, hasta que se logra reconducir la situación y el sacerdote puede seguir con la celebración.

No digamos si es una misa para la familia, a la que asisten niños en preparación catequística o después de la Primera Comunión. En ese caso se produce un auténtico despliegue de niños y niñas que van al encuentro de sus padres, tíos, abuelos, etc. para darles la paz.

Si a la Iglesia y/o sus Representantes no les parece mal todo esto, pues bien está, aunque a muchos católicos nos resulte algo desordenado, que hace perder la devoción que cada uno sea capaz de conservar.

Pero otra cosa es la forma en que se da la paz. Eso para mí es el quid de la cuestión, sobre todo en los tiempos que corren, en que las medidas sanitarias para evitar contagios gripales se están difundiendo y procurando hacer cumplir, con un amplio despliegue publicitario y su consabido coste económico, a pesar de la crisis.

Creo, sinceramente, que tal como se ha hecho en ciertos ritos religiosos, como el besapié del Cristo de La Laguna, tradiciones de besar reliquias o medallas, imágenes, etc., sustituyéndolas por un gesto de adoración o respeto, como puede ser una sencilla, aunque no menos sincera inclinación de cabeza, o algo así, los sacerdotes deberían tratar, mediante la correspondiente divulgación verbal y escrita entre los asistentes a la santa misa, la transformación del saludo de la paz en un gesto similar al citado, que puede seguir conteniendo el mensaje y deseo, cómo no, de transmitirla a la persona que tenemos a nuestro lado, logrando, de paso, limitar o reducir el desorden de gente entre bancos, pasillos y reclinatorios.

Con ello se evitaría, por un lado, el posible contagio de gérmenes y similares y dejaríamos de estrechar manos muchas veces húmedas o sudorosas, cuando no flácidas, que inesperadamente nos caen en suerte, restándonos devoción y hasta faltando interiormente a la caridad, por el rechazo que instintivamente nos produce esa situación.

Y no digamos lo desagradable que resulta ver cómo muchas personas ya han tomado la decisión de rechazar ese saludo espontáneo, manteniendo ocultas sus manos y haciendo un gesto de cabeza, pero dejando a su vecino de banco con la mano extendida y encajando el corte.

Todo eso se evita, creo yo, con una simple campaña de las autoridades eclesiásticas, con duración de uno o dos meses, hasta que se mentalice el público de la nueva y prudente forma de dar la paz.

Por respeto no termino con un "amén", pero sí con su significado: que así sea.

Manuel Hernández Sigut

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