MÁS VALE prevenir que curar, la boca no es un tema con el que jugar, su cuidado es fundamental, dientes y encías hay que cuidar. Aproximadamente una de cada diez personas tiene tendencia a acumular sarro rápidamente. El sarro es una placa endurecida, nociva y difícil de eliminar, que corroe la salud bucal. Utilizar dentífricos y enjuagues preparados que combaten el sarro, así como dedicar algunos minutos adicionales para cepillarte los dientes cerca de las glándulas salivares (la parte interior de los dientes delanteros de la mandíbula inferior y la parte exterior de los dientes ubicados al fondo de la mandíbula superior) puede que retrase el desarrollo del sarro.
Pero más allá de las piezas sueltas es muy significativo el estudio que se dio a conocer en la 43 Reunión Anual de la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración. Aplicado a las Islas, confirma que a más de la mitad de los canarios con 40 años le falta parte de sus dientes caninos o muelas, mientras que el 40% de los que tiene 60 años presenta una pérdida total de la dentadura, con verdaderos castigos o purgatorios que tienen que vivir las personas que carecen total o parcialmente de la dentadura. Con situaciones bochornosas como la que se puede apreciar en un vídeo colgado en internet, en el que a una novia en el día de su boda se le caen literalmente los dientes. Mírenlo, "una novia sin dientes" en Google, en lo que es seguramente una de las situaciones más embarazosas que se puede pasar en una boda. La mujer parece no haber colocado sus dientes delanteros postizos de forma adecuada y los pierde al momento de beber el vino. Lo peor es que su dentadura postiza quedó justo dentro de la copa de vino y el novio aún debía beber de ella. Sin ningún tipo de rubor, el nota se tomó su trago en lo que es una palpable demostración de que el amor está por encima de todo.
Las enfermedades periodontales sin tratar son la principal causa de la pérdida de dientes, un problema sanitario de primer orden que produce grandes secuelas funcionales, estéticos y psicológicos. El coste económico de la reposición de piezas es difícil de asumir por la sanidad pública, la implantada en Canarias desde luego, y por muchas economías particulares, lo que dificulta el acceso al derecho fundamental de la salud, por lo que los periodoncistas han reiterado en su Reunión Anual la necesidad de acudir al dentista periódicamente y no dudarlo si la encía sangra, algo que no es normal en una boca sana.
La periodontitis, la más grave de las enfermedades periodontales, es el resultado de la existencia de la placa bacteriana entre la encía y el diente, debido a la falta de cepillado o a un cepillado inadecuado, sumada a la predisposición genética.
Y la tan traída crisis no hace más que acentuar el desastre. El 73% de los canarios a los que nos quedan dientes podríamos perder piezas dentales debido al estrés provocado por el hundimiento económico, según otro estudio. El individuo estresado concentra gran parte de sus recursos cognitivos en superar la desaceleración acelerada, por lo que se cepilla menos y peor los dientes y fuma más, fustigándose el alma.
Es decir, que presentamos en un alto porcentaje enfermedad periodontal, agravada por los disgustos, que si no se previene ni se trata puede acarrear la destrucción progresiva de los tejidos que soportan los dientes, según se desprende de los datos obtenidos durante la Campaña de Revisiones Gingivales Colgate Total 2008, realizada por Colgate y la Sociedad Española de Periodoncia y Osteintegración (SEPA).
Además, se conoce como bruxismo al hábito de apretar las mandíbulas en momentos que no corresponden a la masticación de los alimentos, con especial frecuencia durante el sueño. La mayoría de las investigaciones reportan una incidencia entre un 5 y 20 por ciento en la población en general pero el porcentaje sube alarmantemente. Suele presentarse en los niños de entre 4 y 6 años, hasta alcanzar un pico entre los 7 y 10 años y también, como se ha expuesto, entre los adultos, entre los que el bruxismo responde claramente al problema del estrés.
Total, que el "rechinar" (los caballos relinchan y los burros rebuznan) va a acabar por fastidiarnos gravemente la boca y, sin boca, nos podemos olvidar de los gitanales.
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