RESULTA sorprendente y un tanto triste leer que quien ha sido, durante décadas y décadas, escritor principalísimo se vea un día obligado a escribir estas palabras: "No necesito nada. Gracias a todos, señores. He sido escritor famoso y ya no lo soy. Ni soy escritor ni famoso. No me conoce ya nadie" .
Se me han presentado estas frases en el libro "Madrid", escrito entre los meses de mayo y junio de 1940 por don José Martínez Ruiz, Azorín. Tiene el librito 51 capítulos y ya en el primero, titulado "Eternidad", se expresan las pesimistas palabras que he dejado señaladas para ustedes. El maestro tenía entonces 67 años, una edad en la que el pesimismo por la proximidad de los días finales aún no tenía por qué haber hecho aparición. ¿Qué lo llevó, entonces, a dejarnos tal párrafo? Pero hubo más. Unos renglones después, en el mismo capítulo, se sigue idéntica filosofía: "No necesito nada. He cumplido mi labor. He escrito mucho y ya no escribo nada. (?). Escribir y leer son cosas terribles. Y mucho más el pensar" .
Uno se pregunta qué tristes presagios pasarían por la mente del gran escritor cuando dio a la luz tales palabras. Si don José veía que su muerte se acercaba con premura, se equivocó en sus cálculos porque nuestra gran figura del 98 vivió nada menos que 94 años. Pero lo suyo parecía una obsesión, porque añade luego más pesimismos y más tristezas: "No recibo ninguna carta ni viene nadie a verme. El tiempo ha pasado. (?). Son otros los gustos de la gente" .
Las tristezas del señor Azorín son contagiosas. Y sus nostalgias. Quiero decir que se me contagian a mí. No sé qué opinarán ustedes. Así que cierro el libro. Pero sigo pensando en los gustos literarios de la gente. ¿Estará sucediendo lo mismo ahora? ¿Ocurrirá también en un pueblo pequeño, alejado de la capital, como es Garachico? ¿Se leerán las novelas del XIX? Decido ir a la biblioteca.
Me entrevisto con mi amiga Evelia, licenciada en Historia, archivera y bibliotecaria de mi pueblo. Me sorprenden algunas de sus respuestas; muchos de los autores que me cita como figuras estelares del momento no me son conocidos; otras respuestas me parecen más próximas. Las suponía porque mis frecuentes visitas al convento franciscano, donde la biblioteca está instalada, me habían deparado, sin proponérmelo, algunas opiniones de los lectores. Por supuesto que se lee a Azorín, como se lee a Baroja, a Galdós, a Valle-Inclán? Pero, claro, son más quienes se interesan, un día y otro, por Cela, Torrente, Vargas Llosa, García Márquez? Y noto, además de reafirmármelo Evelia, que muchos lectores se decantan por Isabel Allende. Piden un libro suyo, luego otro? y otro. "La isla bajo el mar", sobre todo....
Me entristece saber que casi nadie lee libros de poesía. Tampoco teatro. ¡Qué diferencia con otras épocas! De todos modos, coinciden mis negativas palabras con la riada de muchachos que llegó hace unos días para solicitar "Historia de una escalera", de Buero Vallejo. Su profesor de Literatura tuvo la "culpa". Se lee novela histórica, de ayer y de hoy. Y libros de viajes y de misterio. Como siento curiosidad por saber si preocupa o interesa el pasado histórico de las Islas, me dicen que Cioranescu, Serra, de la Rosa, Álvarez Delgado, Ruméu? son leídos por algunos estudiantes a requerimiento de sus profesores. Estos lectores son, en su mayoría, estudiantes universitarios. A los demás, apenas les interesa el asunto.
La mejor noticia es que son muchos los niños que, además de leer Tebeos (yo siempre los llamé Colorines) piden libros de cierta enjundia. Naturalmente, todo acorde con sus edades respectivas. Hace unos días pidieron algunos niños "Historia de dos ciudades", de Charles Dickens. Se notó, de nuevo, la influencia del "profe".
No todos los lectores permanecen durante horas en la biblioteca. Prefieren llevarse el libro a casa. Sobre todo las mujeres. La cocina es la cocina.
Ahora, los dos libros más solicitados son "Milenium" (me dicen que es una trilogía, pero yo no me había enterado) y "El niño con el pijama de rayas". Son los mismos lectores que, hace un par de años, ignorando también, como en estos días, la poesía y el teatro, sólo se interesaban por "La catedral del mar" y "El código Da Vinci".
Pero no debe preocuparse don José Martínez Ruiz en la otra orilla porque, a pesar de tantos temores, sus libros se siguen leyendo casi como ayer.
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