LA VORACIDAD económica de los partidos nunca ha sido explicada suficientemente y sólo un azar o una delación podrán arrojar un día luz sobre este punto. Pocos secretos hay tan bien guardados como las cuentas reales de un partido, que jamás se han hecho públicas y que, por descontado, no conocen ni sus propios militantes, incluso aunque estén encumbrados en la jerarquía política o en la burocracia del Estado. En esta materia rige en términos absolutos la vieja máxima de que la mano derecha no debe saber lo que hace la izquierda.
Los gastos han de ser ciertamente enormes, pero hay un hecho que hace meditar. A juzgar por lo que se ve, no debe de haber mucha diferencia entre los gastos del partido del Gobierno y los de la oposición y, sin embargo, sus ingresos conocidos son muy distintos, ya que, aparte de los asegurados por el Estado y demás legales, y de los créditos bancarios (turbiamente concedidos e ilegalmente liquidados en su mayoría), el PSOE ha estado obteniendo durante dieciocho años cantidades ingentes succionadas de forma ilícita a través de la Administración General del Estado y de las empresas de éste, mientras que el PP sólo contaba con las recaudadas durante los ocho años que ocupó el poder. Pues bien, ¿qué se ha hecho con los cuantiosos ingresos obtenidos por ambos partidos?
La pregunta no es tan ingenua como parece, ya que si es sabido que el Estado se encuentra parasitado por los partidos, aún está por determinar quién parasita a los partidos. No sé si el que roba a un ladrón merece perdón, pero es patente que el ladrón no puede reclamar a quien le ha engañado, por lo que un partido político ha de soportar impotente que le saqueen sus parásitos y que se quede en las uñas de sus recaudadores la mitad de lo que han extorsionado a los particulares. ¿Qué garantía existe de que los sobornos que se exigen en nombre del partido vayan a parar realmente a la caja de éste?
La posibilidad de que alguien encuentre el rastro es lo que complica la operación, pues obliga a darle una opacidad absoluta que solo muy pocas personas pueden atravesar.
He dicho que el partido extorsiona en cantidades enormes a quienes tratan con el poder. Esto es lo que se cree, pero no lo que se sabe de cierto, ya que no hay forma de comprobar si el importe de los sobornos va a parar íntegramente al partido (o se queda algo por el camino) y ni siquiera si quienes dicen obrar por mandato del partido no son filibusteros que obran por su cuenta engañando a ambas partes: al particular porque usan en vano el nombre del partido (que quizá no se haya enterado de nada) y a éste porque no va a ver ni un céntimo de lo extorsionado. ¿Cómo verificar todo esto si las operaciones se realizan en la clandestinidad más absoluta y nadie está dispuesto a contar la verdad, ni, llegado el caso, podrá probar lo que afirme?
En los sótanos de la sede del partido pueden acumularse quizá millones de euros en billetes; pero los billetes no tienen lengua y no pueden delatar a nadie, ya que quienes los tocan, portean y poseen son personas físicas, no una corporación jurídica como es el partido. Más todavía: si el juez Marino Barbero hubiera encontrado billetes en los sótanos de la sede del PSOE, es seguro que hubiera aparecido de inmediato Guillermo Galeote, o cualquier otro militante leal hasta el sacrificio, dispuesto a declarar -para culminar la confusión- que era a él personalmente a quien pertenecían.
Pero, por otro lado, las cantidades importantes -los miles de millones del AVE y de las autopistas- no circulan en billetes sino que se ingresan en cuentas bancarias y estas sí que tienen lengua, aunque sea en Suiza. Ahora bien, ¿a quién delatan las cuentas? Jamás al partido, puesto que sus titulares son personas físicas, por muy allegadas que estén a aquél, y en este lugar se acaba la pista. El partido jamás podrá ser imputado, porque siempre actúa a través de personas interpuestas y mientras éstas no delaten que son simples fiduciarias de aquél -y un juez quiera creerlo- estará a cubierto. Ningún partido ha abierto nunca una cuenta a su nombre; para ello se sirve de personas de su confianza: un dato en verdad sospechoso, porque no hace prueba mientras que el titular formal no confiese que es el testaferro del titular real.
Societas delinquere non potest. Los partidos son personas jurídicas que delinquen a través de las personas físicas -los altos cargos-; pero da la casualidad de que éstos son ocupados por políticos y he aquí que -al menos hasta ahora- los políticos también son intocables. O lo han sido hasta hace poco, porque en los últimos años, animados por el ejemplo de sus colegas italianos, algunos jueces se atreven a procesarlos. Hoy, cualquiera que sea su altura, ya nadie está seguro en su poltrona y si en Italia han caído ex ministros y ex presidentes, ¿por qué algún día no se va a procesar entre nosotros a los altos dirigentes? En las alturas del poder se percibe un cierto nerviosismo y poco a poco se va tejiendo una malla preventiva que pueda cubrir a todos, con independencia de partidos y colores: un pacto de respeto mutuo democrático o nacional o como pudibundamente quiera llamarse a una maniobra cautelar de impunidad.
* Diputado en el Parlamento
provisional de Canarias y en la 1ª legislatura por el PSOE. Ex consejero
del Cabildo Insular de La Gomera
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD