DOS APUNTES a partir de sendos textos publicados en periódicos regionales, el primero una noticia y el otro un artículo de opinión. El Servicio Canario de Empleo ha puesto en marcha un servicio -con perdón por las reiteradas redundancias- de búsqueda activa de empleo. Me pregunto si existe una forma distinta de buscar trabajo; es decir, si es posible una búsqueda pasiva de curro. Pero incluso dejando ciertas estupideces semánticas -aunque muy al uso entre políticos y similares para quedar bien ante el personal-, cabe preguntarse igualmente si se puede encontrar lo que no existe. Porque, consumado el descalabro de la construcción y limitado el turismo a lo que es -un sector que se mantiene como básico para la economía de casi todas las islas, que no ha disminuido catastróficamente su actividad aunque ha descendido el número de visitantes, pero que ni siquiera en sus mejores momentos hubiese sido capaz de absorber la mano de obra procedente de otros sectores hoy muy en crisis-, que me diga alguien dónde hay que buscar ese empleo, ya sea de forma pasiva o activa como sugiere el Servicio Canario del ramo.
Ah, se me olvidaba; es necesario diversificar. ¿En industria, por ejemplo? Que me perdone alguien si le estropeo el desayuno, pero ni siquiera, en la mayoría de los casos, nos resulta rentable la industria para el consumo interno. Hasta los vasos desechables de los chiringuitos cuestan menos si se importan que si se fabrican aquí. Queda una industria de mantenimiento, pero tampoco da para mucho. Cuando hay que realizar tareas de cierta competencia, las empresas traen profesionales de la Península; en general, la escasa preparación de una parte importante de la mano de obra local impide que accedan a esos empleos.
El otro texto, como decía al principio, es un comentario en el que alguien se queja, con más o menos razón, del sistema de selección impuesto en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de La Laguna. Los medios disponibles sólo permiten 80 nuevos ingresos cada año. Eso obliga a dejar fuera a dos centenares largos de personas con vocación por el oficio, pues quienes aspiran a entrar son más de trescientos en este último curso. Ignoro si alguien aún no se ha dado cuenta de la crisis por la que atraviesan los medios de comunicación. Siempre que hemos hablado de esto entre nosotros, hemos llegado a la conclusión sincera de que una isla, y por extensión todo un archipiélago como el nuestro, no puede mantener el número de periódicos, radios y televisiones que han existido hasta ahora. Ha sido posible en los últimos años gracias a una publicidad que fluía fácil. Concluida la etapa de la abundancia, los despidos, cuando no los cierres directos, se suceden por doquier sin que se vislumbre una tregua a corto plazo. Sin embargo, más de trescientas personas han querido este año hacerse periodistas. ¿Para qué?
En cualquier caso, nada más lejos de mi intención conculcar la vocación de nadie. Si uno quiere ser médico porque las series de médicos están de moda en televisión, qué se le va a hacer. No es, empero, el mejor camino para encontrar un trabajo estable. Además, da pena que algunas titulaciones estén a punto de desaparecer por falta de alumnos, pese a que no garantiza más desempleo que otras, por lo que se ve, muy apetecidas.
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