SI HACE unas pocas semanas algo estaba seguro en el ayuntamiento tacorontero era la convicción, en el grupo de gobierno, de que el nuevo Plan General de Ordenación iba a ser aceptado por la gran mayoría del pueblo a la vista de la escasa reacción que éste ha explicitado en los últimos años ante las formidables amenidades de don Hermógenes, excepciones hechas en El Pris y La Atalaya, donde sus vecinos se atrevieron a lanzar al aire la famosa miniproclama "hasta aquí hemos llegado", mensaje popular que hizo desistir al alcalde de Tacoronte de, ni siquiera, iniciar una visita de cortesía a estos barrios. Un incidente más reciente tuvo lugar en Agua García, donde los afectados esperaban que el primer regidor municipal les explicara por qué demonios se iba a producir la invasión de sus propiedades, arañando "sólo" unos metros de aquí y de allí, trampa camuflada en este controvertido proyecto realizado de tapadillo y que ha significado el comienzo de una protesta generalizada que ha cogido a los neonacionalistas del Consistorio de la plaza del Cristo de los Dolores con las popas al aire. Una vez más, el alcalde escurrió el bulto olvidándose de una actividad poco practicada en los muchos años que se sienta en "su" poltrona (es, efectivamente, su intocable y querida poltrona). La falta de diálogo siempre ha presidido la actuación política del veterano alcalde que, siendo maestro, permitió (es un simple ejemplo, pero indicativo de un evidente desnorte) la tala de una hermosa araucaria para sustituirla por un hermoso... adosado. Es algo revelador que denuncia la voluntad de una persona que, a priori, por sus estudios, debería estar concienciada con lo que significan el respeto y el amor a la naturaleza. Pensemos, sin arcadas, en todo lo que se ha podido destruir en el municipio y que ignoramos.
Ya apuntábamos en el anterior artículo algunas iniciativas positivas que, en un inexplicable arrebato, contempló don Hermógenes en sus pretéritos mandatos. Aunque parezca una entelequia, el alcalde, en aquella ocasión, nos presentó un ambicioso plan que interesaba a toda la agricultura. Los incentivos al campo estaban garantizados. Entonces escribimos que esta idea no sólo debería ser aplicada en Tacoronte sino también en el resto de las comarcas de la Isla aún no infectadas por el cemento. Parece que los alisios soplaron más fuertes de la habitual y todo aquello se fue al garete. De una otrora ciudad-campo, el desafortunado proyecto quería convertirla en un campo de adosados para albergar al doble de la población actual. Este desaguisado, por suerte, lo conocieron los ciudadanos y (lo apuntamos la pasada semana) se produjo una indispensable actividad participativa, tras disiparse, poco a poco, el secular abobamiento de la población.
Y, efectivamente, las orejas del lobo se dejaron ver, el pasado viernes, en el salón de plenos del ayuntamiento tacorontero, después de que el portavoz adjunto del grupo socialista, Lope Juan Pérez Lara, presentara la moción para solicitar la revocación del acuerdo plenario de revisión del Plan General de Ordenación Urbana en tramitación e iniciar un proceso de participación ciudadana. Teniendo en cuenta todo el ambiente enrarecido que ha rodeado esta controvertida situación, achacable, por supuesto, a los empecinados miembros y "miembras" del grupo de gobierno, menospreciando a los vecinos, es sorprendente que en ese Consistorio se haya aprobado algo, una revocación en este caso, por ¡unanimidad!, incluidos aquí los votos de aquellos que minutos antes de las tres de la tarde del viernes aún defendían con uñas y dientes el impresentable Plan.
Ahora, y gracias al movimiento vecinal total (adulones aparte), se cuenta con un avance que estará en exposición pública hasta primeros de enero de 2010 y que tendrá en cuenta las alegaciones que hayan llegado y las que se presenten hasta esa fecha. Con ellas se procederá a la redacción de un nuevo plan, ahora sí, consensuado. Queda claro que los vecinos tenían que conocer el futuro de Tacoronte, cocinado a sus espaldas. Es cierto, también, que para los técnicos un Plan es una apetecible tarta gigante cuya degustación se prolonga lo más posible en el tiempo.
La moción socialista aconseja que se deberá convocar a los representantes de los vecinos y de las plataformas vecinales creadas para explicar y debatir los aspectos más discutibles de la ordenación propuesta y analizar alternativas razonables. Esto fue la causa definitoria del vergonzoso fallo municipal tacorontero: la comunicación y la humildad.
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