Contestación a Ricardo Peytaví
Leí con interés su artículo del 2 del presente y aunque por norma general estoy bastante de acuerdo con sus escritos, esta vez hay que reconocer su profunda ignorancia en el tema. ¿Cómo puede estar Vd. de acuerdo con que cientos de familias se vayan a la calle? No, señor Peytaví, tiene razón, el trabajador español no confía en la iniciativa privada. Lea mi escrito publicado en la sección Cartas al Director el pasado 17 de septiembre. Un gran porcentaje de las empresas en Canarias no respetan el más mínimo convenio con los trabajadores, ni siquiera a las personas mismas; los tratan como ganado o como una herramienta a la que hay que exprimir y sacar el máximo rendimiento; como si fueran una maquinaria. Yo lo he vivido en mis carnes y muchos amigos míos lo están sufriendo también. ¿Quiere un ejemplo de tantos?: a una amiga mía, trabajadora de una "empresucha" de tantas, se le coacciona a hacer horas extras todos los fines de mes hasta altas horas de la madrugada sin compensación ni en metálico ni en días libres ni de ningún modo. También, en su convenio se recoge un día de asuntos particulares que nadie se atreve a pedir por miedo a represalias. A mí jamás se me ha valorado ni como persona, ni como trabajador como se me ha valorado en la empresa pública. Y de salarios más de lo mismo.
¿Qué me está Vd. contando? A la empresa privada le da igual que rindas o no rindas, algo a veces muy difícil de comprobar objetivamente. Puedes ser el mejor trabajador del mundo que si el próximo año caen los beneficios, aunque se siga ganando, ellos los llaman pérdidas y arrasan con quien sea. ¿Cómo entonces no va a haber un desmedido afán por los empleos públicos cuando se te respetan todos tus derechos? Creo, además, que épocas de crisis tan graves como éstas deben ser las administraciones públicas las que intenten contrarrestar el efecto contratando a más gente para intentar paliar el paro causado por la ineptitud e ineficacia de los directivos de la empresa privada, que, por lo que he comentado antes, no van sino a lo suyo.
Bienvenido al mundo real, Sr. Peytaví.
Un abrazo.
J.C.R.C.
Es mi pensamiento
Por desgracia para mí, no tengo estudios universitarios y me resulta triste no tener conocimiento de muchas cosas que a nosotros, y digo nosotros, los de nuestra especie, nos son válidas y útiles para nuestra subsistencia.
Digo todo esto por la razón siguiente: si yo fuera niño de nuevo y estuviera capacitado para estudiar una carrera universitaria me gustaría ser médico o investigador, para, con lo que yo pudiera aportar a la ciencia, salvar vidas humanas; y añado lo que no sería jamás: político.
Cuando yo escucho a los políticos en el Parlamento y observo cómo se comportan algunos de forma prepotente, insultante y descalificadora yo me pregunto: ¿esos señores son los que nos representan?, ¿los que nos piden el voto? No lo entiendo.
El hombre del campo, sin estudios, el labrador, el pastor y otros merecen respeto y admiración.
Elfidio Delgado de Vera
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