MUCHAS veces me pregunto para qué hay una Consejería de Turismo en el Gobierno autónomo y para qué existe un departamento de lo mismo en el Cabildo Insular de Tenerife, cuyo titular es, precisamente, el segundo de a bordo de la Corporación, el conocido, competente y destacado gestor de la cosa pública señor Bermúdez.
Podría citar, sin salir de esta isla, muchas cosas por hacer y otras a medio hacer, pero, para empezar por algo, me referiré a una zona concreta, que visito desde hace tiempo con bastante frecuencia, y que es la Villa de Los Silos. Desde que desaparecieron de la escena silense el prócer don Abrahám Trujillo y su yerno y paisano mío, el malogrado Jerónimo Bencomo Bento, la población ha ido de mal en peor, con una sucesión de alcaldes escogidos entre los más incompetentes, cuyos nombres se me han olvidado y no lo siento. Don Abrahám fue un vigilante influyente y poderoso, que no permitió chapuzas en su pueblo, y Jerónimo, un entusiasta del progreso de Los Silos en todos los aspectos, y a él se debe el Auditorio de la Villa. Uno de los alcaldes, hace años, construyó para su uso personal, una especie de torre que aún puede verse, dominando el paisaje desde una altura privilegiada. A otro alcalde, critiqué desde esta columna por su falta de decisión en la creación de una vía de enlace que librara el centro del pueblo de un tráfico continuo y molesto; un tercer alcalde era contratista de obras y llenó la costa de casas y barriadas desastrosamente planificadas: otro dio licencia para levantar en el litoral verdaderos mamotretos, con alturas que fueron como un telón al mar de todo el litoral. Y, entre todos, se reparten la incompetencia y el abandono de tener casi en ruinas una histórica industria o ingenio para fabricar azúcar de la caña dulce, cultivo que abundaba en la zona y del que ya no hay ni rastro.
Ese verdadero monumento, que propició una producción bastante importante en siglos pasados, con exportaciones a otros países y único en su clase en aquellos contornos, es hoy un lugar desolado y, por lo que se ve, destinado a desaparecer de puro descuido, cuando podría ser una pieza histórica de auténtica valía, que hasta se puede poner en funcionamiento, conforme a los procedimientos de la época, a poco interés que se ponga en el tema. No conozco otro ingenio ni cerca ni en otro lugar de la isla, lo que haría de la vieja fábrica silense un monumento único en Tenerife, y creo que en Canarias, que podría contar con la protección de la Unesco.
Cerca del litoral de Los Silos hay otro lugar de mucho interés histórico, que es un horno de cal. Se ha intentado restaurarlo y convertir el entorno en un pequeño parque. Pero da la impresión de que la restauración ha sido mal dirigida, porque llama apenas la atención. Ni siquiera hay una explicación visible de la importancia de aquel recinto, que presenta más bien el aspecto de una construcción abandonada, a poca distancia de los edificios-telón ya citados, que parecen obra de arquitectos enemigos acérrimos de Los Silos.
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