HACE TIEMPO que prefiero no escribir nada sobre el Puerto de la Cruz. No por desdén hacia la ciudad en la que he nacido y he pasado los primeros y posiblemente mejores años de mi vida -al menos los más despreocupados- sino porque ante ciertas situaciones prefiero mirar para otro lado. No por irresponsabilidad, sino para no entristecerme. Al final Lola Padrón no lo estaba haciendo del todo mal. En realidad, y no quiero caer en el pesimismo más absoluto, pienso que poco puede hacer ya una alcaldesa o un alcalde para que el Puerto de la Cruz recupere el esplendor que tuvo antaño. Creer en eso sería como creer en los milagros y hace tiempo, a qué negarlo, que no creo en los milagros. Sin embargo, como la esperanza es lo último que se pierde, siempre trato de ilusionarme pensando que la otrora gran ciudad turística del Archipiélago algún día volverá a ser, si no lo que fue, sí al menos un lugar donde queden algunos puestos de trabajo para que puedan seguir en ellos, hasta jubilarse, los que en su juventud participaron del llamado "boom" turístico. Que ya no son muchos, dicho sea de paso.
Fue un error político, como digo, la moción de censura contra Lola Padrón. Fue un error mayor, desde luego, esa componenda contra natura entre el PP y el PSOE para que ella fuese alcaldesa, pero a estas alturas de la película, con el ecuador de la legislatura superado, lo mejor era arrimar todos el hombro para que la situación económica no fuese a peor. Se optó por un cambio en la Alcaldía, mediante una legítima moción de censura, pero la situación no ha mejorado. Bien es cierto que poco puede hacer, insisto, una Corporación municipal -en este caso encabezada por el siempre tenaz Marcos Brito- para reconducir un desastre que no se circunscribe sólo al Puerto de la Cruz. Porque si en esa localidad amenazan con cerrar dos hoteles de toda la vida y dejar en la calle a un centenar de empleados, no es menos cierto que Canarias ha perdido cerca de 19.000 trabajadores autónomos en lo que va de año.
¿Dónde están los sindicatos?, cabe preguntar. Haciéndole el juego al Gobierno central, que para eso los subvenciona. Tan sólo la Intersindical Canaria ha hablado de movilizaciones contra el desastre, aunque de momento no para todos los trabajadores; sólo para aquellos que tienen alguna modalidad de empleo público, incluidos los funcionarios. ¿Y los demás?
Comentaba ayer un señor cincuentón en una informal tertulia de amigos que este no es el país en el que siempre le había gustado vivir. Me sorprendieron sus palabras porque siempre lo he tenido por un votante del PSOE. "La culpa de lo que está pasando no la tienen tanto quienes nos gobiernan sino una sociedad incapaz de reaccionar", manifestó con cierta amargura. Las corporaciones que se han sucedido en el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz durante los últimos treinta años no han sabido reaccionar frente a una creciente decadencia. El proyecto de puerto deportivo, sin ir más lejos, se presentó allá por 1976 y ahí sigue. Cada vez que cambia el color político del Consistorio, cambian los planes y vuelta a empezar. Un caso particular, sin embargo, de un mal general: la incapacidad de una sociedad fragmentada, de un país volatilizado, para ver los problemas y mucho más para tomar una decisión conducente a resolverlos.
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