ÓSCAR MARTÍN, Stgo. Teide
Pedro Martín es el hombre del puerto deportivo de Los Gigantes. Marinero y apasionado de la mar, como su esposa y su hijo. El domingo 1, el día del desprendimiento de rocas que les costó la vida a dos mujeres en la playa del lugar, sintió que el estómago se le encogía: algo había ocurrido en Los Guíos nada más zarpar él y sabía que su hijo estaba haciendo surf en la zona.
Como cada día, este vecino de Santiago del Teide navegaba por el litoral junto a los turistas que reclaman su servicio para disfrutar de la naturaleza desde su embarcación. Sobre las 15:30 horas de aquel fatídico domingo, Pedro, al mando del "Gladiator U", se topó con una situación anormal. "No llevaba ni cinco minutos cuando vi que había desprendimientos. El corazón se me puso al mil; mi hijo estaba haciendo surf".
Y es que su pequeño, amante también de la mar, andaba cogiendo olas con su pequeña tabla de sur en la playa. Recuerda que intentó gritar y que se dio cuenta de que el chico estaba nadando. "Él no entendía nada", relata ahora.
Fue entonces cuando, preocupado por lo que podía estar ocurriendo, telefoneó a una compañera del puerto y le pidió que le dijera a su hijo que saliese inmediatamente de allí. Pero también llamó a su mujer.
La preocupación se apoderaba de su persona, puesto que, según dijo, estaba a una milla del puerto y, de hecho, estuvo pensando hasta dar marcha atrás. "Pasé un buen tiempo sin recibir respuesta a lo que estaba ocurriendo. Íbamos en dirección a Masca, miramos hacia el acantilado y vimos una polvareda", manifestó.
Pedro mantiene que el acantilado de Los Gigantes "es peligroso y puede haber un desprendimiento en cualquier momento en toda la costa".
Este profesional de la mar es de los que creen que se debería poner un muro de contención o llevar a cabo una actuación urgente para evitar cualquier otro suceso parecido en la concurrida playa de Los Gigantes.
Su familia siente con dolor y pena la tragedia por la que dos mujeres, una española y una británica, perdieron la vida. El día a día de Pedro Martín y sus clientes, es decir, los turistas, recupera la normalidad, pero con un mal recuerdo difícil de olvidar.
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