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MARÍA DEL PINO FUENTES DE ARMAS *

"El Ejército es el estandarte de la paz"

9/nov/09 07:09
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No lo he dicho yo, lo ha dicho Zapatero, que no sé si sabe a ciencia cierta qué es un estandarte. Me imagino que tras los actos castrenses a los que ha asistido ya le suena de algo, o al menos debería, pero considero que las Fuerzas Armadas son mucho más que una insignia o una bandera, sobre todo si tenemos en cuenta el respeto que éste manifiesta por la enseña nacional, al permitir que algunos ministros las tengan mal colocadas en sus despachos o en la propia fachada del palacio de La Moncloa, como lo prueban las fotografías que se publican en la prensa nacional.

Y si seguimos con cosas que estén mal, es justo señalar que tampoco procede en un acto de Estado presidido por SSMM los Reyes abuchear al presidente de la nación, el de todos los españoles, seamos de su cuerda o no, porque hay que respetar la Constitución, las mayorías y las instituciones representadas en el desfile de las Fuerzas Armadas, no debiendo las minorías hacerse oír en el marco inadecuado ni en el momento más inoportuno, justamente cuando España toda se solidariza con los soldados en las misiones en el exterior. El abucheo es síntoma sonoro del descontento, una expresión de mal gusto. Tenemos un Congreso de Diputados donde estamos representados por sus señorías para cuestionar a los que gobiernan haciendo valer su voz, y disponemos del poder del voto en las urnas, y es ahí, con nuestra papeleta, donde debemos manifestar desacuerdo con la línea de actuación de uno u otro partido.

Pasó casi desapercibido este incidente al que el propio presidente calificó de "ritual", en mitad del revuelo mediático existente por la muerte de un militar en Afganistán durante una acción de guerra, no en un atentado terrorista, sino en una emboscada enemiga, al explotar una mina antitanque bajo el blindado BMR que conducía, el cual, según los entendidos, no era apto para evitar este tipo de artefactos. En total son 38 los muertos en acto de servicio en lo que va de año. Una cifra condenada por muchos a la ligera, sin entender que son consecuencia de ejercer un oficio elegido libremente: el del soldado que hace la guerra, asume un riesgo y cobra por ello, en una profesión en la que el valor y la entrega van en el sueldo. Una muerte, siempre es dolorosa, sea la de un militar en misiones o la de un obrero de la construcción. El dolor de las familias es el mismo, la excesiva presencia de autoridades civiles para las fotos, no.

Insisto en que es una opción libre y personal la de alistarse en las filas del Ejército español para desarrollar un oficio que entraña peligro, porque su trabajo es hacer la guerra, pero para ello el Ministerio de Defensa debe dotarles del armamento necesario y de calidad, habida cuenta de que las Fuerzas Armadas, a las órdenes del Gobierno constitucional, son un respaldo para la política exterior del país.

Que un soldado del Ejército en misión de paz, definida según el presidente de Gobierno, por la ONU como "de estabilidad y reconstrucción, una misión que comporta riesgos", caiga en la guerra de Afganistán es un eufemismo, pues ha sido mandado por el Gobierno de la nación presidido por el Sr. Zapatero, el mismo que criticó la colaboración de Aznar con Bush. Es decir, España mantiene tropas en Afganistán por una solicitud internacional similar a la que atendió Aznar en Iraq, cuando, tras la victoria norteamericana y británica, el Consejo de Seguridad de la ONU pidió que se enviaran tropas para la paz y la reconstrucción de ese país. Después llegó el Sr. Zapatero con prisas, equivocándose en el procedimiento, sin respetar las normas internacionales, haciendo una "espantá" y tomando una decisión polémica, calificada de incoherente, ya que si retiró las tropas de Iraq debería hacerlo también de Afganistán. Las prisas son malas consejeras, y mucho más cuando median acuerdos internacionales.

Pero el presidente se afianza en sus compromisos, y tras su encuentro con el prematuro premio Nobel de la Paz, Barack Obama, ha ofrecido una contribución importante en Afganistán, algo previsible habida cuenta de que el primer mandatario americano le ha redimido tras cinco años de penitencia por el malestar que provocó su falta de respeto al paso de la bandera americana en el desfile de la Fiesta Nacional de 2003, al permanecer sentado y en actitud displicente al paso de las tropas americanas. Fueron muchos los disgustos diplomáticos provocados por esta torpeza y muchos los intentos fracasados de acercar posturas, en los que Bush y Zapatero se miraban de reojo. Parece que al final la relación bilateral puede ser posible tras este acercamiento de los últimos tiempos, pero, le pese a quien le pese, no ha sido un encuentro entre iguales, pues Zapatero está deslumbrado por el hombre que rige, en buena medida, los destinos del mundo. Misiones exteriores, las justas y necesarias, siempre y cuando nuestros ejércitos no vayan de Quijotes y cuenten con dotaciones de última tecnología.

* Titulada universitaria en Relaciones Institucionales y Protocolo

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