E L RESULTADO de ayer es un varapalo difícilmente comparable con algún momento reciente del CD Tenerife. El empate, el primero de la temporada en una decena de jornadas, sabe a derrota por varias razones. La primera es que los blanquiazules ganaban 2-0 con 20 minutos disputados. También porque visitaba el Heliodoro un engañoso (por su calidad) colista, acuciado por las bajas y la necesidad de puntos. Otra vez dos errores, dos indecisiones acabaron tirando por la borda el trabajo de los jugadores de José Luis Oltra. Pero lo peor son las sensaciones que deja el encuentro. Deja dudas el juego desplegado por los locales, que nunca encontraron el ritmo adecuado. Les faltó pausa en los primeros 45 minutos para evitar el ida y vuelta constante. Por eso recibió el 2-1 ¡¡en un contragolpe!! Luego, en la segunda mitad, lo que echó en falta fue una marcha más para sentenciar la contienda cuando dispuso de llegadas en superioridad. Ricardo no apareció en exceso y eso suele ser una mala noticia para el Tenerife. Parece el único capaz de marcar el ritmo adecuado en el partido. Sin demasiado peso en el juego por parte del mediocentro tinerfeño, se abusó de las conducciones de balón, hubo menos toque que de costumbre y una toma de decisiones algo precipitada.
Con todo esto, el Málaga sólo creó problemas cuando Obinna o Duda tiraban de calidad para desbordar, pero no por un juego colectivo que anda bastante lejos del que sorprendió la pasada campaña. López Muñiz, técnico malaguista, dijo en sala de prensa que veía "excesivo nerviosismo en ambos equipos para estar en la jornada 10". Vale su deducción para la posterior comparecencia de José Luis Oltra. Extraña por lo menos. El técnico valenciano, seguro que afectado por el disgusto del empate, no fue ante los medios el de otras tardes. Es el momento de reforzar su figura, de creer en el trabajo del entrenador y en el del equipo. Hay que pelear con lo que hay (al menos hasta que se abra el mercado invernal en enero) y no buscar culpables.
P.D. No sigamos el ejemplo de los cuatro tontos que ayer insultaron a Román Martínez y Dinei a la salida del Heliodoro. El equipo es limitado, pero no malo. Y honrado, que no dudoso. Es momento de arrimar el hombro, no de destruir.
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