TRAIGO a esta columna, con menos frecuencia de la que quisiera, temas referidos a mi isla natal, siempre marginada, aunque me duela decirlo, por los medios informativos de Tenerife, con excepción de este diario, y hasta por la insufrible TVC, alias "la Autonómica", y casi totalmente por TVE, para la cual, prácticamente, sólo existen Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote. Lamento que el abandono no se haya limitado a la información, como ha ocurrido durante largos períodos de años atrás, sino también a los organismos y, en general, a las autoridades de la provincia.
Hoy, en este ladrillo dominical, quería destacar algo poco acostumbrado en La Gomera como son las fiestas y las celebraciones extrañas a la isla. Porque mi tierra conserva, íntegras, las tradiciones y raramente importa festejos y costumbres extrañas. La excepción ha sido, este año, la gilipollática -con perdón- fiesta norteamericana de Halloween, que, salvo lo que tiene de carnavalesca, más bien repele a los gomeros. Y, como parece que esta crisis económica que padecemos se ha extendido a la educación y al sentir ciudadano, parte del pueblo de San Sebastián, en especial los jóvenes y el chiquillaje, se han echado a la calle para celebrar una especie de Carnaval anticipado en esas fechas del Halloween anglosajón, en que mucha gente se disfraza de macharengo. Y, claro está, el Halloween no pega en La Gomera ni con la gotita.
En resumen, que la muchachada, al igual que en la fiesta carnavalera, ha recurrido al juego del lanzamiento de huevos, aunque se ha abstenido de emplear la vieja costumbre, igualmente carnavalera, del juego con harina, como también se hace en la isla de La Palma. Hubo, sin embargo, una diferencia en la práctica de la huevada. Los huevos se utilizan en el carnaval, pero debidamente preparados. Las familias guardan los cascarones desde meses atrás de las carnestolendas y los preparan rellenándolos con aserrín y tapándolos con papel y pegamentos. Al arrojarse el huevo y al reventarse contra la cabeza u otra parte del cuerpo de alguien, sólo derraman el aserrín que no mancha y puede cepillarse de la ropa.
En cambio, los carnavaleros que arrojan huevos de verdad, que son pocos, tienen que gastarse las perras en comprarlos y les sale carilla la diversión. Pero, al parecer, los que jugaron en el Halloween se olvidaron de la vigencia de la crisis, o bebieron más de la cuenta, perdieron el control y dejaron perdidos los trajes de la gente, algunos comercios y varias casas del centro de la Villa, a las que tiraron huevos indiscriminadamente en la noche del domingo pasado.
Total, una gamberrada con todas las de la ley, como no es frecuente en las fiestas gomeras, donde la gente va sólo a divertirse sanamente sin molestar a nadie. El resultado fue una denuncia de los aprendices de gamberros presentada ante la Guardia Civil por los ocupantes de las casas y los comercios afectados. Ignoro si la Benemérita ha llevado a cabo redadas entre el chiquillaje. Y me vino a la memoria un miembro del cuerpo armado a quien conocí años atrás en la postguerra civil. En el pueblo lo llamaban el "sargento Cachetada" porque a la persona que llegara al cuartel, fuera quien fuera y sin mediar palabra, lo primero que hacía es darle una bofetada "ante-interrogatorio". En la noche en cuestión el "sargento Cachetada" habría terminado agotado.
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