GARZÓN parece que quiere influir en la decisión que el Tribunal Supremo adopte sobre su expediente, tirando de la manta del estado de corrupción generalizada que asola este país, un día llamado España. El juez estrella acosa al PP con la operación "Gürtel" y ahora destapa otras operaciones como la "Pretoria", poniendo en danza al PSC y a Convergencia y Unió, en un ejercicio de supuesta independencia que quizá algunos crean. Pero la destape o no Garzón años después de iniciar su investigación, lo cierto es que la corrupción campa a sus anchas por todas las administraciones, aunque no es muy probable que acabe de sacarla a la luz el juez que no se atrevió a despejar la X de los GAL o que manipula el enjuiciamiento de la operación "Faisán" para salvar al Gobierno.
Ya lo había intentado Pascual Maragall cuando aludió a lo del 3% en el Parlamento catalán. Entonces echaron cemento armado sobre aquel amago de destape, igual que su sucesor en la Generalidad y el Ayuntamiento barcelonés, que taoó en 2005 el desprendimiento o gran socavón de las obras del túnel del Carmel, que aún el pasado jueves originaban filtraciones y desprendimientos en Barcelona. Y los vecinos afectados andan por ahí reclamando sus indemnizaciones, mientras la mujer de Montilla acumula, como muchos otros políticos de los dos principales partidos, hasta catorce sueldos públicos.
Y es que esta pseudodemocracia hace aguas por todas partes sin que sus ciudadanos, que deberían estar protegidos por ella, tomen conciencia del riesgo que corren de que con el texto de 1978 nos conduzcan, a base de ignorarlo, a un régimen totalitario en el que sólo los adictos podrán sobrevivir.
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No vamos a repetir las deudas con las que Zapatero está lastrando el presente y el futuro de España con el fin de perpetuarse en el poder. Ahí están todas las declaraciones, admoniciones y advertencias, casi diarias, de organismos nacionales e internacionales que anuncian para España, en el año que viene, una situación peor que el aciago que está por concluir. No sería extraño, Pepe Ignacio, que con los incrementos del paro y la deuda que ya sumamos, y la situación de confrontación política y social que se registra, el FMI y la UE nos acaben aplicando correctivos crediticios como los que ya se anuncian para Rumanía.
Zapatero sigue con piñón fijo a lo suyo, que es el cambio del modelo social del país, a base de hipotecar el Estado, comprando votos "como sea" entre los nacionalistas para destruir a su principal oponente, el Partido Popular. No importa que haya que prometer subsidios, subvenciones o mamandurrias a unos u otros. Algunas las pagará, otras las echará al saco del olvido, cuando pasen las elecciones, con ayuda del monopolio mediático que lo ampara y protege, y al que tiene cogido por sus deudas en un momento delicado de cambio para el sistema de libertad de expresión y opinión que la Constitución garantiza. Es trascendente el momento del cambio de la Galaxia de Gütemberg a la de Internet, pues está enviando al paro a miles de periodistas y acogotando a medios de comunicación, como hemos comprobado esta misma semana en varios puntos del país.
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Zapatero no sólo controla a los medios, sino además todas las instituciones constitucionales que deberían ejercer un papel arbitral o una moderación independiente, bien sea la Justicia, la seguridad, la educación, la sanidad, las Fuerzas Armadas y hasta las iglesias de todos los credos, aunque ellos se proclamen laicos y ateos? Por eso, hasta las mismas encuestas del CIS vienen a confirmar que para los españoles, después del paro, la economía y la inmigración, su principal preocupación es la clase política y los partidos, que les preocupan mucho más que el terrorismo.
Esa desconfianza, como tú sabes, sólo se resuelve devolviendo el protagonismo al pueblo, no manipulándolo. Pero ¿quién le pone el cascabel al gato del ejercicio del voto responsable? Porque la situación de ciénaga en que se hunde nuestra democracia no se arregla, como algunos nihilistas pasotas pretenden, incrementando la abstención. A los políticos les daría igual. Con mayorías absolutas o relativas, ellos tienen sus sueldos, pensiones y enchufes asegurados por ley. Y si no, se la saltan sin empacho alguno. ¡Qué no harían con una mayor abstención!
No obstante, por si acaso, el Gobierno utiliza su capacidad para destruir cualquier alternativa y se asegura el voto cautivo multiplicando las subvenciones a costa del trabajo de las generaciones del siglo XXI y mediatizando o controlando al Tribunal Constitucional, el de Cuentas y al resto de los llamados poderes judiciales y constitucionales, que deberían ser el contrapeso del poder en toda democracia que se precie. Ya lo dijo Alfonso Guerra, se acabó Montesquieu y su división de poderes.
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Aquí, por el contrario, al socaire de la crisis, los partidos de la izquierda autodenominada progresista, acompañados de todos los poderes fácticos de esta sui géneris democracia, desde los sindicatos a los bancos, pasando por los chupópteros de la pseudointelectualidad, reclaman más papel para el Estado y menos para el pueblo. Y eso lo hacen, supuestamente, en nombre del pueblo. ¡Qué país, qué paisaje y qué paisanaje!
Y por si no bastaran para pescar votos cautivos las limosnas del PER y otros subsidios y fondos, ahora van a dar el voto a cerca de un millón de inmigrantes, mientras aumentan los funcionarios a dedo con el fin de asegurarse más clientela en las próximas elecciones municipales y autonómicas. Pero "hay más días que ollas", Pepe Ignacio. Y los potajes y pucheros ya no echan humo en muchos hogares. A saber cómo van a reaccionar cuando media España esté en el paro y la otra media aún pretenda seguir viviendo a costa de los pocos que tengan la fortuna de un trabajo.
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