Hay casos recientes que revelan las consecuencias a las que puede llegar el botellón, como la batalla campal que se originó en Majadahonda, aunque en este fenómeno al que se le otorgan tintes culturales, en Tenerife no es menos, y cada semana se registran incidentes, un aspecto en que el subinspector de la Policía Local de Santa Cruz, Blas Hernández, dijo que a los aspectos más conflictos "también se han sumado en la Isla los nuevos factores culturales de otra mentalidad; otra forma de ver la vida o de emborracharse, con enfrentamientos entre ellos", poniendo como ejemplo los últimos incidentes de la avenida de Anaga. Hernández afirmó que "en muchos casos es falta de valentía política y saber afrontar los problemas", reclamando que "no se piense en la subsistencia del voto para mantenerse en el poder, aunque las medidas no sean populares". La Policía Local de Santa Cruz levanta al año una media de 1.000 requerimientos por la práctica del botellón, casos que no llegan al juez porque son sanciones administrativas, pero hay otras situaciones más complejas y con mayores consecuencias legales, pues como explicó el subinspector Blas Hernández, "hay elementos de riesgo añadido, porque ante un caso puntual la policía puede acabar acudiendo a uno de estos botellones, "con sólo diez agentes, que deben enfrentarse cientos de jóvenes alentados por el alcohol que los acaban insultando, algo que puede acabar en los juzgados por otras circunstancias". Además, este responsable de la Policía Local reconoció que en días fuertes del botellón en Las Teresitas "no puede ir un radiopatrulla solo, sino varias unidades, porque corren un riesgo, todo porque el alcohol desinhibe y quienes peor están acaban alentando mal al resto".
"Mano dura" en el Puerto
En el municipio turístico del Puerto de la Cruz el botellón ha suscitado un problema social que se ha extendido a lo largo de muchos años, sin que los diferentes partidos al frente del ayuntamiento hayan sido capaces de atajarlo, pese a la pertinaz lucha vecinal que reclamaba una solución mientras observaba que "las fiestas iban a más". Segundo Sacramento, vecino de esta localidad, recordó que incluso un dictamen del Diputado del Común reconocía que en la calle Perdomo "se debían prohibir los chiringuitos, porque perjudicaban a los vecinos". Así, indicó que el nuevo alcalde, Marcos Brito, "se ha comprometido a respetar esta cuestión, pero es que de esa zona se ha trasladado a la explanada del muelle, degenerando en el botellón, donde vemos a gente bebiendo en la calle y orinado en cualquier rincón, y no hay nada más frustrante que una persona que da la cara para pedir una solución, vea que no sirve para nada". Este vecino ha combatido este fenómeno con denuncias personales o a través de internet, reveló contradicciones en el anterior equipo de gobierno como que la concejal de Asuntos Sociales "se sumara a campañas para combatir el consumo de drogas y alcohol, y otros concejales sólo se dedicaban a celebrar fiestas". Sacramento afirma que "antes no se perseguía el botellón, pero ahora sí, pues con la ley no hay que ser tolerantes y si no se ejecuta, que se quite, porque lo que está pasando es que sólo vive una parte de la sociedad y la otra se muere de asco". En esta ciudad "ha habido un cambio de actitud, pues se está persiguiendo con eficacia y firmeza al botellón", aunque llama la atención sobre el "sobrecoste que representa la suciedad que se genera y ver como cada fin de semana gente que no es de Puerto de la Cruz lo destroza todo".
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