El botellón y los problemas que origina, "esta moda que puede concentrar en la calle a unas 50.000 personas entre Santa Cruz y La Laguna", según puso de manifiesto en la mesa de debate de EL DÍA el empresario Suso Zárate, fue el tema que analizaron los invitados de esta semana.
De las cinco personas que se sentaron en la mesa, cuatro se opusieron rotundamente a la práctica del botellón, mientras que el joven Ubay Ferrera lo comprende, "aunque no lo frecuento", aseguró.
En su opinión, el botellón "es un hecho cultural, que tiene el mismo origen y el mismo objeto que el guateque de anteriores generaciones".
Este joven abogado precisó que el botellón "es el gran incomprendido de la sociedad" e insistió en que la prohibición "no es la solución a los problemas que ocasionan estas reuniones".
Asimismo, Ferrera expuso que el botellón es un gran problema de salud pública y, en su opinión, "no se acomete desde este punto de vista, sino de los perjuicios que causa el ruido o la suciedad".
A pesar de que el joven abogado dijo que comprendía la práctica del botellón, en sus declaraciones dejó claro que esta costumbre "encierra muchos inconvenientes, sobre todo para los menores de edad, y otros serios problemas".
Otro de los invitados, Segundo Sacramento, vecino de Puerto de la Cruz y profesor de jóvenes con 25 años de experiencia, explicó que esta costumbre que se está implantando cada vez más "puede tener su origen en la revolución del año 68 francés y los padres que nos hemos criado en una dictadura y en la transición a una democracia, hemos visto cómo la juventud ha caído en una anarquía de valores y de costumbres". Sacramento apuntó que durante años "he sufrido el tremendo problema del botellón en mi calle".
Este vecino de Puerto de la Cruz achacó gran parte de la culpa de lo que pasa "a los políticos", que no saben "encarar el problema".
También se encontraba en la mesa el subinspector de la Policía Local de Santa Cruz de Tenerife, Blas Hernández, gran conocedor del botellón, porque ha tenido que realizar intervenciones policiales en muchas ocasiones.
El policía recalcó que las leyes están para cumplirlas, pero echó en falta que, "junto al sistema coactivo no existan normas de acción social que expliquen a los jóvenes el porqué no deben hacer botellón, teniendo en cuenta que se enfrentan a una serie de graves problemas para su salud y su futuro".
"Hay muchas denuncias"
Dijo que, de momento, "todo se limita a perseguirlo y quitarlo de aquí para que el colectivo se instale allí".
Hernández precisó que se tramitan bastantes denuncias, "pero, a la larga las acaban pagando los padres y los jóvenes siguen igual".
Este policía, bastante joven, también manifestó que el botellón "tiene algunos aspectos positivos, en lo que se refiere a las relaciones sociales", aunque hizo hincapié en que es preciso inculcar a los jóvenes que se pueden divertir, "pero sin molestar al vecino y sin hacerse daño a sí mismos, como sucede cuando se emborrachan o consumen estupefacientes".
"El fin debe ser divertirse, no beber más y más", apostilló el policía.
Para otro contertulio, Diego Dubay, presidente de la Asociación de Vecinos Tagoror Victoria, en Santa Cruz, "el botellón no tiene nada de bueno y es esencialmente malo", dijo rotundamente este santacrucero quien aseguró que conoce los perjuicios del botellón "porque lo he tenido durante meses debajo de mi casa".
Según Dubay, "una buena solución podría ser que se habilitaran lugares adecuados para que los jóvenes se reúnan en grupos numerosos, como sucede en la Palmas, donde se ha habilitado una zona del Puerto, sin vecinos", apuntó este presidente vecinal, quien se manifestó "en total desacuerdo con la cantidad de alcohol que toman los chicos, muchos de ellos menores de edad".
Puso como ejemplo, que uno de los fines de semana pasados "se reunieron debajo de mi casa muchos chiquillos de apenas 15 años, con botellas de ron, que iban consumiendo alegremente".
Sin embargo, el resto de los participantes en el debate se opusieron a esta solución. Los cuatro dijeron que acotar una zona, aunque sea sin vecinos "no cambia nada".
Blas Hernández recordó que el Carnaval "es el macrobotellón", pero "está acotado en el espacio y en el tiempo", le replicó Segundo Sacramento.
El policía local citó como ejemplo que el botellón que se practica en Las Teresitas, una zona alejada de la capital, "también genera problemas", porque, en este caso, "la música que sale de los altavoces de los coches es tan alta y hay tanto follón, que se quejan hasta los vecinos de San Andrés".
Blas Hernández también precisó que el botellón que se instaló en la plaza de Los Patos, en Santa Cruz, "se terminó a base de continuas intervenciones policiales".
Según Ubay Ferrera, "el fenómeno de las fiestas en la calle se extiende en las zonas cálidas y, concretamente, en las sociedades latinas, que gustan de disfrutar de la calle".
"No estoy de acuerdo con autorizar un lugar o bajar el precio de la bebida", aseveró el policía.
Suso Zárate volvió a recordar que no se puede olvidar "el gran problema sanitario que se genera cada fin de semana, por la cantidad de alcohol que ingieren los menores".
En este punto intervino el joven Ubay Ferrera para precisar que, en su opinión, "los que se emborrachan son una minoría".
El resto de contertulios se mostró en desacuerdo con esta afirmación y Suso Zárate recordó que una minoría de 50.000 jóvenes "son muchos miles de personas".
El joven abogado insistió en que los españoles "hemos exportado el botellón al resto del mundo, como se ha hecho con otras cosas buenas: el jamón serrano o la siesta".
Relató que en alguno de sus viajes a Bruselas se ha encontrado con jóvenes españoles en el botellón que se realiza en ese país.
"Allí donde había botellón en Bruselas participaban españoles", afirmó.
Para Ubay Ferrera, "el botellón ha dado un paso cultural y es fruto de una evolución".
"La mejor forma de que una cultura se expanda es reprimirla", sentenció el joven abogado.
Son menores de edad
Uno de los puntos en los que todos los contertulios se pusieron de acuerdo fue en que cada vez acuden más menores de edad al botellón.
"Es preciso dar formación a los padres y a la escuela para que sepan explicar a los menores de edad que sepan sacar lo bueno del botellón y se alejen de lo malo".
Para Segundo Sacramento: "a los padres les han quitado la autoridad".
Los mejores ejemplos los aportó el policía local, quien dijo que él mismo ha llevado a un joven a su casa, después de comprobar que es menor de edad y estar haciendo botellón en la calle, "a las once de la noche y volver a verle a las tres de la mañana en otra esquina".
Otro de los casos que relató se refiere a que en otra ocasión que este policía llevó a un menor a su casa, se encontró con que el padre le respondió que por qué motivo se lo llevaba tan pronto.
Suso Zárate se incorporó con un poco de retraso a la reunión y resumió su opinión respecto al botellón en una frase: "Con esta generación no se puede hacer nada". Este empresario que empezó hace 27 años con los negocios de la noche y lleva 22 como presidente de la Asociación de Salas de Fiestas y Discotecas en Canarias, aseguró que el 50% de los que hacen botellón "son menores de edad".
Aseguró que la normativa en otros países europeos es mucho más seria que la española.
"Si en Inglaterra pillan a un menor haciendo botellón, el chico y sus padres pasan la noche en la comisaría", indicó el empresario, quien aboga porque se introduzcan este tipo de leyes en España.
"Si un menor de edad está haciendo botellón hasta las seis de la mañana, es que existen problemas en su casa", dijo Zárate.
En su opinión, "falta voluntad política para resolver el problema" y reconoció que existen otros miles de jóvenes que disfrutan de forma más sana.
Texto: D. MERINO, T. IZQUIERDO Fotos: DESIREE MARTÍN
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