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EDITORIAL

¿Por qué es preocupante nuestra independencia?

8/nov/09 07:44
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VOLVEMOS en el editorial de este domingo sobre un tema que ya tratamos en nuestro comentario del pasado miércoles. Hablamos ese día sobre el escrito de uno de nuestros colaboradores; una persona a la que respetamos, pues con sus importantes artículos dignifica nuestras páginas. No sabemos si los demás interpretarán bien lo que queremos decir, pero no está en nuestra intención denostar al, como señalamos, apreciado colaborador. Tan sólo nos llama la atención que, considerando la actual situación de España y de Canarias, de la que es responsable en primer lugar el Gobierno socialista de Zapatero, hable nuestro estimado amigo "de una preocupante deriva independentista".

¿Por qué es preocupante y no esperanzadora, e ilusionante y rica la libertad, la soberanía, el ser hijos de una nación con Estado, el tener identidad propia en el mundo y no ser españoles colonizados o europeos ultraperiféricos? ¿Por qué ha de ser preocupante, insistimos en preguntarnos, la dignidad, la felicidad, el ser nosotros mismos y no ser españoles de segunda o tercera, que es lo que somos ahora? ¿Debe preocuparnos el ser canarios y no españoles? Queremos ser canarios amigos de los españoles. Siempre hemos dicho que nuestras relaciones con la antigua Metrópoli, una vez alcanzada la soberanía nacional canaria, no tienen por qué ser malas. Al contrario, pueden ser todo lo buenas que cabe esperar del necesario entendimiento entre dos países. No tenemos inconveniente en que la bandera española ondee en determinados actos junto a la canaria, pero siempre por debajo de la canaria porque estamos en Canarias y no en España, por mucho que la Constitución española nos disfrace de comunidad autónoma para mantenernos integrados en su territorio nacional como si fuésemos una región peninsular.

A nosotros lo que nos parece muy preocupante es seguir siendo súbditos de los españoles. ¿No hemos tenido suficiente con seis siglos de esclavitud? ¿No nos parecen demasiados seiscientos años de sumisión, de vasallaje, de rapiña, de empobrecimiento y de dependencia a una nación que está en otro continente? Es más preocupante, lo reiteramos, la posibilidad de que el día menos pensado nos despertemos siendo marroquíes. Que nadie se lleve a engaño: o alcanzamos nuestra independencia, o dentro de poco seremos marroquíes. En cuanto Rabat reclame estas Islas, que están en sus aguas pese a las medianas asimétricas del señor Ríos, y haga un poco de presión internacional, España nos abandonará como hizo en su día con el Sáhara apenas Hassan II organizó la Marcha Verde. España saldrá corriendo de Canarias, como ha hecho en todos los países de donde la han echado a patadas.

Abundamos más: ¿puede ser algún motivo de preocupación la posibilidad de administrar nuestros recursos sin que lo hagan otros, como ocurre ahora? ¿Por qué no podemos establecer las relaciones internacionales, tanto políticas como comerciales, que más nos convengan, como hacen otras naciones independientes más pequeñas y con mucho menos población que Canarias? Las relaciones que nos convengan a nosotros y no a los peninsulares que nos sojuzgan. Nos referimos a países que tienen una situación económica y una posición geográfica mucho peor que la de Canarias pero, pese a ello, poseen bandera y asiento en las Naciones Unidas y otros foros internacionales. Sirvan estas reflexiones como inicio de este editorial. Seguimos.

Y seguimos con Marruecos. Marruecos está frente a nosotros. Apenas 96 kilómetros separan la localidad marroquí de Tarfaya del faro de la Entallada, en la isla de Fuerteventura; la distancia más corta entre nuestro Archipiélago y el Reino de la monarquía alauí. Una distancia que una lancha fueraborda puede cubrir en menos de dos horas. Esa es la realidad física. La realidad legal es que estamos en aguas jurisdiccionales y patrimoniales marroquíes. Estamos dentro de su Zona Económica Exclusiva. Podemos decir que, con el Derecho Internacional en la mano estas Islas, son más marroquíes que españolas, aunque recurramos -insistimos en ello- a las líneas asimétricas de don Victoriano Ríos y otras majaderías de este insigne canario sobre el particular. Sus teorías se asemejan a los fútiles intentos de cuadrar el círculo.

Está bien claro canarios, españolistas, amantes de la españolidad y otros, que vivimos en un Archipiélago situado frente a las costas de África, pero sometido a una nación que se encuentra en otro continente. Una nación europea que, para mayor desgracia suya y nuestra -pues seguimos uncidos a ella por el yugo del colonialismo que nos somete- sufre uno de los mayores vaivenes de su historia debido al nefasto Gobierno socialista de Zapatero. Un presidente que ha engañado al pueblo español en las dos últimas elecciones generales, ganadas por los socialistas con mentiras políticas.

En nuestro comentario del viernes citábamos las declaraciones del coronel Romero sobre la importancia geoestratégica de Canarias. Lo preguntamos entonces y volvemos a hacerlo ahora: ¿por qué esa geoestrategia no la explotan los canarios sino los godos en general, y en particular los cuatro godos de la prensa canaria? Individuos que podemos calificar como godos canariones, pestilentes, mentirosos, perjuros y alguno no sabemos qué más..., aunque lo intuimos.

Lo repetimos: Marruecos es una amenaza para los isleños que no queremos ser españoles ni marroquíes, sino canarios. ¿Por qué hemos de seguir sometidos a una nación europea o caer en las garras de otra más próxima, que ni siquiera posee nuestra cultura? ¿Habrá algún godo, amante de la españolidad, nacionalista tibio o teórico del nacionalismo que se crea que Marruecos va a dejar que sigamos siendo un archipiélago situado en sus propias aguas pero dependiente de otra nación? La única defensa que tenemos los canarios frente a las pretensiones marroquíes es ser una nación con estado propio. Siendo una nación respetable y protegida no necesitaremos ejército. Es decir, podremos dedicar más recursos a atender a los pobres. Tendremos nuestra propia policía y no el estúpido proyecto de Policía Canaria de Ruano, que sólo será un remedo de cuerpo de seguridad, aunque a él le basta y le sobra porque sólo quiere que se le cuadren sus agentes para pasarles revista hocico en alto. Tendremos nuestra propia hacienda, nuestra propia Universidad, nuestra propia Administración nacional y nuestras administraciones insulares y locales. Tendremos una Justicia propia sustentada en leyes de nuestro propio Parlamento y no, como ocurre ahora, de Cortes que nos son ajenas y que, por lo tanto, desconocen nuestra idiosincrasia. Nuestra lengua seguirá siendo el español, nuestra moneda el euro -pues permaneceremos en la zona euro- y nuestra cultura la bereber, la canaria, la española, la europea, la norteamericana y la de todo el mundo.

No estamos describiendo un paraíso sino una realidad tangible. Como nación libre y soberana podemos ser ricos; podemos ser uno de los países más ricos del mundo. Tenemos un claro ejemplo en los países americanos que lograron sacudirse el yugo español. En sentido opuesto, también nos vale como ejemplo la desgraciada situación económica actual de algunos países africanos, como el Congo, Senegal, el Chad, etcétera, cuyos recursos fueron saqueados por las potencias coloniales europeas. ¿Vamos a permitir que ocurra lo mismo con Canarias? ¿Consentiremos que la Metrópoli que nos esclaviza también nos deje extenuados?

Y volvemos al inicio de este editorial. ¿Por qué es preocupante la deriva independentista? ¿Por qué no es ilusionante? ¿Por qué debemos rechazar la riqueza, la libertad, la cultura propia y todos los bienes que Dios nos ha dado a los canarios? ¿Por qué no admitimos que el primer holocausto "nazi" de la historia tuvo lugar en Canarias y sus víctimas fueron los guanches? ¿Por qué no perpetuar la memoria de este pueblo, más canario de lo que somos nosotros mismos, que sufrió las embestidas de los españoles, la esclavitud, el expolio de sus tierras y el destierro? Nada tenemos en contra de los españoles de la actualidad, sino de los godos y peninsulares que nos masacraron. Ojalá desaparezcan los godos, no los peninsulares, de estas tierras cuanto antes. Lo decimos una vez más: Canarias, para los canarios.

Concluimos este editorial ilusionados y esperanzados en un futuro mejor, pues la independencia sólo puede aportarnos beneficios. En consecuencia, no existe ni debe existir ninguna preocupación por la deriva independentista, cada vez expresada con menos temor, de nuestro pueblo.

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