A Jaime Coello Bravo
Con afecto
En mi huerto imaginario
más alto que las montañas,
hay surcos de yerbabuena
cercados de brezo y salvia
entre oréganos silvestres
con olores de albahaca,
de tomillo, de romero
y hasta un ciprés que seduce
cuando el alma lo reclama.
Aves distantes perciben
la fragancia de mi huerto
desde el Teide hasta la playa
sembrado de soledades
con aromas de retamas,
confundiendo los colores
que germinan de la lava
mezclándose del volcán
con gamma de sus entrañas.
Beso la piel de la brisa
y advierto violetas verdes
con abismos de esperanza,
en mi huerto imaginario
allí mis versos se fraguan
con el misterio indecible
que se oculta previo el alba.
Y mi huerto se resiste
culminando el Teide en aura
junto a pétreas esculturas
que despiertan la mañana.
Elsie Ribal
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