Ha pasado ya el recuerdo puntual y homenaje a Sabino Fernández Campo. Como es natural, han pasado desapercibidos aspectos aparentemente menos peculiares. Y a su vez se han recargado -creo yo- aquellos otros que le dieron un mayor protagonismo, como lo del 23F. Aunque -como él mismo solía decir- ni se ha escrito todo, ni se sabe todo. Y la verdad es que esa faceta y aspecto de su vida, sin duda importante, no nos ha dejado ver la explicación que venía de atrás, y la "salida" y actividad, y preocupaciones posterior. Por eso, he de destacar -lo recuerda "Alfa-Omega", de 29-10-2009- que fue "un fiel servidor de España". Pero ese titular periodístico tenía otro texto indeleble. Porque, casado en segundas nupcias, con diez hijos de su primera esposa, conoció la muerte de cuatro de ellos. Más adelante, reflexionó mucho sobre la fragilidad de la vida? sobre la trascendencia de encomendarse a Dios. Y acaso, más recientemente, se le veía preocupado, porque "parece imposible, que después del tiempo transcurrido, permanezca en España la herida que supuso la Guerra Civil? Utilizar la Historia como arma arrojadiza es un peligro latente".
Su condición de militar le venía de haber sido voluntario -y valiente- en la Guerra Civil y defensa de Oviedo. Fue de los alféreces provisionales que encontraron su vocación en el Ejército. Lo sirvió a través del Cuerpo de Intervención Militar, llegando al grado máximo de general de División, si bien luego se le concedió el grado honorífico de teniente general. De sus servicios al Ejército podemos nosotros tener la valoración directa cuando, en una etapa del anterior régimen, actuaba como "secretario político" -no era exactamente el título-, con el carácter de coordinador de los grandes temas militares, especialmente en los prelegislativos. Como miembros que éramos de la Comisión de Defensa de las Cortes, tuvimos ocasión de contactar con él, por remisión de los ministros de los tres ejércitos. Siempre lo encontré con las virtudes de las que luego ha hecho gala, y han sido destacadas, como la prudencia, competencia, serenidad, comprensión. Como irradiación práctica de otras virtudes castrenses, como honor, disciplina, responsabilidad, sacrificio, lealtad, obediencia, respeto, etc., de las que tanto carecen muchos de los políticos de nuestro tiempo.
Terminado su puesto al servicio de la Casa Real, y sin entrar aquí en las motivaciones variadas de su "salida" -un deber cumplido a España y al Rey-, se le vio interesado -y en el fondo compensado- con una actividad intelectual y académica de las que normalmente no son frecuentes en los militares españoles. Primero, hacia los años 80, ingresó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, y más tarde llega a su presidencia. Caso inédito de que la presidiera un militar. Y de que Ortega y Gasset, al ser elegido, no leyera su discurso de ingreso, cosa que brillantemente hizo Sabino Fernández Campo. (Pudo haber sido en esta Academia donde hubiera podido percibir el homenaje póstumo del pueblo español. Salvo que él mismo dispusiera otra cosa).
En 1996, fue elegido Académico de Número de la Real de Doctores de España. Su toma de posesión la viví directamente. Y pude de nuevo traducir su serenidad, su altura de miras, su visión cristiana de la vida, y su esperanza en el futuro.
* Vicepresidente de la Sección de Derecho de la Real Academia de Doctores
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD