1.- Como el tiempo está loco, he abandonado por unos días los mocasines de verano para volver a usar calcetines; lo hice cuando sentí la lluvia y un poco de fresco. Pero resulta que ha vuelto el calor y ahora ando en el dilema de si ponerme de invierno o seguir de verano. Este dilema no es mío solo, sino que lo sufren miles de tiendas en todas las islas, cuyos propietarios ya no saben en el momento que entra y en el instante que sale una estación. Así que lo mejor es acudir a esa entelequia que en los comercios de antes se denominaba "la ropa de entretiempo". Es decir, algo no demasiado fresco ni demasiado picón. Si por mi fuera, continuaría sin calcetines todo el año, pero entonces no podría ir al Club Oliver, un sitio muy pijo en donde todo el mundo se fija en como van vestidos los demás. Yo no me he hecho socio, como Xuancar y Bermúdez ; tiro más por la plebe. Además, nosotros, la gente de ese norte de la isla, somos más bien reacios al protocolo. Siempre nos ha dado miedo ir a Santa Cruz y decimos "ariopuerto" en vez de aeropuerto. ¿No se han fijado? La gente de ese norte es entrañable y más aficionada a la Unión Deportiva Las Palmas que al Tenerife y eso sí que no. Porque para mí el Tete es el Tete.
2.- Me dicen personas de mucha confianza que se sigue vendiendo la ropa de verano en las tiendas de moda. Y que son las rebajas permanentes esas, las tiendas de descuento, las que más venden. Por ello, esos exposaldos que se organizan en el recinto ferial -ahora está abierto uno de ellos- tienen tanto éxito. La gente se tira a la ropa. Recuerdo una vez, en una gran superficie de Los Majuelos, cuando, durante unas rebajas de aceite de oliva, una señora gorda se lo tomó tan a pecho en el tumulto que, para abrirse paso, le clavó la dentadura postiza en el culo a otra obesa. Con el fragor, ninguna de las dos se dio cuenta y sería incapaz de decirles yo ahora a ustedes si la primera que se percató de la cosa fue la gorda de los dientes clavados en sus propias carnes o la desdentada desalmada. Da igual, porque para engullir aceite de oliva no hacen falta ni los incisivos, ni los molares. Así que las dos tan contentas.
3.- Yo he vuelto a calzarme los mocasines de verano porque me siento mucho más cómodo con esta colección. Además, cuanto más viejo se pone uno más padece de los ñoños de los ñames. Es ley de vida. No me veo yo como los jubiletas, calzando alpargatas de cuadritos -con calcetines- y planchando los pies, apatrullando la ciudad, como decía la música del Fari . Me veo más bien con elegantes babuchas, de esas que te hacen a la medida en la medina de Marruecos los artesanos del cuero. El tiempo anda loco, eso sí, y no será cuestión de seguirle el juego. A ver cuándo las televisiones se dejan de decir, de una puñetera vez, que donde únicamente hay nubes en Canarias es en el norte de Tenerife. Vamos a tener que mandar a alguno de estos godos al "ariopuerto".
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