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Analistas de estadísticas

6/nov/09 07:24
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JUAN MANUEL Rodríguez Parrondo es un físico madrileño, por más señas nacido en 1964, que se hizo mundialmente famoso al establecer la denominada "paradoja de Parrondo". Un planteamiento según el cual la elección de estrategias perdedoras en determinados juegos puede conducir a la victoria. Un tema demasiado complejo -aunque apasionante- para exponerlo en un folio. En cualquier caso, lo que me interesa ahora de Rodríguez Parrondo es lo expuesto sobre las encuestas electorales en uno de sus artículos que aparecen regularmente en "Investigación y Ciencia"; la versión española de la legendaria revista norteamericana "Scientific American". Una publicación que sale mensualmente a la calle en Estados Unidos desde agosto de 1845.

Recuerda Parrondo en su entrega de mayo de 2008 que dos semanas antes de las últimas elecciones generales, celebradas el 9 de marzo de ese año, casi todos los periódicos publicaron los resultados de un sondeo realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas; el conocido CIS. El estudio le asignaba al PSOE el 40,2% de los votos y al PP el 38,7%. Celebrados los comicios, los socialistas lograron el 43,64% y los populares el 40,11%. Guarismos que convertían en bastante buenas las previsiones del CIS, si bien no era esto lo que sorprendía a Rodríguez Parrondo sino la enorme diferencia entre la intención de voto de las personas consultadas y el resultado final, tanto en lo referente a las predicciones del estudio como a las papeletas obtenidas luego por cada partido en las urnas. En la encuesta del CIS, 31 de cada 100 personas respondieron que votarían por el PSOE, mientras que sólo el 21,1% se decantó por el PP. Si añadimos las simpatías de los consultados, el PSOE subía hasta un 37,1 por ciento y el PP hasta el 24,5. "¿Cómo es posible -se preguntaba Parrondo- que una diferencia de casi diez puntos en la intención de voto, o más de doce puntos en la intención de voto más la simpatía, se tradujeran en una de 1,3; es decir, en un empate técnico bastante cercano a los resultados finales?".

La respuesta la daba él mismo a partir de una advertencia incluida por el propio CIS en su estudio, en el sentido de que los datos directos de opinión no proporcionan por sí mismos ninguna proyección de resultados. Dichos resultados se obtienen mediante un modelo de estimación también bastante complejo para ser esbozado en estas líneas. Basta decir, por ejemplo, que el recuerdo que conserva cada encuestado del partido al que votó en las elecciones anteriores es un factor importante; digo el recuerdo del voto, y no necesariamente el voto real. Son, empero, sistemas de estimación al alcance de cualquiera que desee dedicar unas cuantas horas a estudiarlos, aunque lamentablemente no suelen estar entre el material que sale por los teletipos.

Un motivo añadido este último -el de los teletipos- no sólo para la sorpresa de Parrondo, sino también para la mía propia, al ver la alegría con la que un señor se pone a analizar resultados de encuestas que, por lo demás, vaya usted a saber dónde, cuándo, cómo, por qué, por quiénes, por encargo de quiénes y con qué intenciones han sido realizadas. ¿Puede saber algo de inferencia estadística un individuo que confunde la prueba del nueve con la inexistente prueba del diez? Lo dudo.

rpeyt@yahoo.es

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