El precio del ¿paraíso?
Cuando digo paraíso me refiero a esta maravillosa isla, que es mi casa, pero en la que ya no me siento segura. ¿Qué imagen estamos dando al exterior cuando pasan cosas a las que no se les pone remedio?
Con esta reflexión quiero expresar la impotencia que siento por lo ocurrido a mi hijo el pasado 1 de noviembre. A las 6.30 de la mañana, cuando iba caminando hacia La Orotava, a la altura de los Apartamentos Casablanca, en el Puerto de la Cruz, fue atacado por un grupo de "valientes". Y digo "valientes" porque hay que ser muy cobarde para actuar por la espalda y propinar una paliza a un muchacho que andaba solo, sin molestar a nadie. El propósito no debió de ser otro que la más pura diversión-perversión, agrediendo a mi hijo y dejándole malherido. Cuando finalizó el divertimento, las "muchachas" que acompañaban a estos "valientes" tuvieron la condescendencia de recogerle del suelo. Fue en ese preciso momento cuando apareció un taxi cuyo conductor denegó la ayuda que mi hijo precisaba, alegando que no podía y marchándose a continuación. Mi hijo tan sólo quería regresar a casa e, incluso, le indicó al taxisa que tenía dinero para pagarle.
Al verse de nuevo solo, sus agresores, no satisfechos con su "hazaña", continuaron golpeándole. Como pudo, se alejó del lugar de los hechos y se dirigió a una tienda de "souvenirs", cercana a donde estaba ocurriendo todo. Allí fue auxiliado por el dependiente, que le prestó toda la ayuda posible, poniéndose en contacto con la familia para avisarnos de lo sucedido. Mi hijo fue recogido por su hermano y llevado a la clínica más próxima, donde le atendieron de múltiples lesiones repartidas por todo el cuerpo; las más relevantes, las de la cabeza y el tórax.
Es mi deseo expresar la indefensión que siento por lo sucedido, ya que no es la primera vez que este tipo de agresiones suceden, repitiéndose últimamente con demasiada frecuencia. Hoy le ha ocurrido a mi hijo pero mañana puede ser el suyo o usted mismo. Y lo que más me entristece es pensar que ya no quedan ni humanidad ni urbanidad. ¿Cómo se puede agredir a un chico de forma tan gratuita, tan sólo por pasar por el lugar y la hora equivocados?
Mi hijo se recuperará con el tiempo del dolor físico, pero el daño moral ya está hecho. Quiero manifestar el malestar y la rabia que esta situación ha provocado en mi familia, siendo mi deseo que este suceso no quede aislado y que no se convierta en algo recurrente.
Mi tierra, mi casa, mi paraíso... ¿Hasta cuándo?
Rosa Mª Martín Polo
Otro despropósito en Los Realejos
El pasado 23 de octubre tuvimos en San Agustín, Los Realejos, otra oportunidad más, y ya van unas cuantas, de asistir a otro espectáculo de obcecación y despropósito a cargo de la concejala de Comercio. la organización de una "pasarela de moda" en plena calle de La Alhóndiga, en un día laborable, supuso el corte al tráfico de la calle durante todo el día. Al lado del mismo lugar elegido para el evento se encuentra la plaza de San Agustín, lugar emblemático de la zona en la que se llevan a cabo todo tipo de actos y celebraciones a lo largo del año. La señora concejala desviste a un santo para vestir a otro. Con el loable propósito de promocionar las tiendas de ropa de Los Realejos ocasiona pérdidas y molestias a los comercios y vecinos de la zona de manera innecesaria. Provoca problemas de tráfico sin motivo alguno. Únicamente con haber realizado el acto en la plaza, el lugar más lógico para ello, sin lugar a dudas, hubiera cumplido con el acto a satisfacción de todo el mundo.
Pero esta señora está acostumbrada a actuar de manera unilateral imponiendo su criterio sin tener que ver con nadie. Su lema parece ser el mismo que aquel ministro franquista que decía "la calle es mía". Por supuesto, sigue sin conocer el significado del término participación, pues confunde el reparto de una hoja informativa del acto con una acción de implicación y consenso con vecinos y comerciantes. La misma cantinela que ocurrió en su día con el proyecto de Zona Comercial Abierta de San Agustín. Es decir: no han aprendido nada.
Juan Jesús Carballo González
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