PUBLICAMOS hoy la carta que nos remite uno de nuestros lectores, titulada "Las juventudes canarias de CC". Hacemos nuestro su contenido; de forma especial, destacamos el último párrafo: "La conclusión a la que debemos llegar es que si siguen entrando en Canarias más de 60.000 personas anualmente, desapareceremos como pueblo. Observen como hay dos islas, Lanzarote y Fuerteventura, en las que ya hay más forasteros que canarios. ¿Con lo de esperar quieren decir que debemos aguardar a que esto ocurra en las siete islas?".
EL DÍA lleva mucho tiempo diciendo lo mismo. Por eso nos atacan los godos y los amantes de la españolidad. Nos atacan y nos denuncian. Al final, insistimos en ello una vez más, esto sólo se arregla con la independencia. Son ideas que nos hacen merecedores del odio de los godos, entre ellos los cuatro de la prensa decadente. De uno de ellos podemos decir que es el paradigma del verdadero godo. Es más godo que los otros tres juntos porque se cree superior, hasta tal punto que jamás se ha mezclado con el pueblo. Sólo ha tratado y se ha llevado bien con los gobernadores que nos enviaba la Metrópoli. Es decir, con los Poncios.
Frente a la malquerencia de los godos -no de los peninsulares-, un día más debemos elogiar a los independentistas. No nos cansaremos de mencionar a Paulino Rivero como uno de los grandes políticos que tienen actualmente estas Islas. Rivero no puede ser independentista de hecho debido al cargo que ocupa, pero de sentimientos sí lo es. Su situación es similar a la de Miguel Zerolo, alcalde de Santa Cruz; un hombre perseguido y amordazado por la jauría política socialista. Independentista no de hecho pero sí de sentimientos también lo es todo el pueblo canario. El día que esto explote -y explotará si España se empeña en mantenernos como colonia más allá de 2010-, esos sentimientos se materializarán con múltiples manifestaciones en la calle, queremos pensar que pacíficas pues siempre hemos defendido que nuestra soberanía nacional ha de lograrse por medio del diálogo y no de la violencia. Antes o después, muchos canarios que hoy siguen adormecidos con el veneno de la Metrópoli se convencerán de que la independencia es lo mejor que puede sucederles. No es posible seguir esperando ni un día más para ser libres. Seis siglos de esclavitud, de rapiña española, de ninguneo internacional -hoy no somos nada; sólo españoles autónomos o europeos ultraperiféricos; qué burla- son suficientes para que nos pongamos en pie, de forma pacífica pero sin concesiones, y digamos basta.
Quienes nos atacan desde la prensa canariona y de sus hijuelas en Tenerife pronto tendrán que callar. Podemos demostrar que son hijuelas cuando se nos rete a ello, aunque no hace falta: unos y otros publican hasta las mismas encuestas. ¿Necesita alguien alguna prueba adicional del enjuague que se traen los de allá con los de aquí? ¿Exageramos cuando hablamos de caballos de Troya? Las hijuelas de Tenerife dependen política y económicamente de sus centrales canarionas. No nos cabe duda, como decimos, que todos tendrán que callar cuando el pueblo descubra los beneficios que supone para Canarias ser una nación independiente. Tendrán que callar cuando aflore sin temor el amor del pueblo por sus antepasados guanches. Sólo debemos esperar a que pase la narcosis; a que los canarios se recuperen de la anestesia general. Eso es lo que quiere Paulino, Zerolo y también los jóvenes independentistas de CC, hartos de la pasividad bolsillera de sus mayores.
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