EFE, Barcelona
El ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol defendió ayer la presunción de inocencia tanto de Lluís Prenafeta como de Macià Alavedra, ex altos cargos de CiU detenidos en el marco de la "operación Pretoria", y destacó que mantiene su "confianza" en ellos y se sigue considerando su "amigo".
Jordi Pujol habló ayer por primera vez de la detención del ex secretario de Presidencia y el ex conseller de su gobierno, y comentó que su detención le "sorprendió" y a la vez le "entristeció". Aunque Pujol recordó que hace 19 y 12 años, respectivamente, que no ejercen cargos públicos, aseguró que les aplica "con la mayor convicción" la presunción de inocencia, y en este contexto salió en su defensa.
Pujol recordó que "en estos temas tenemos la experiencia de que muchos casos inicialmente presentados con gran estrépito finalmente han quedado en nada o en casi nada", y confió en que la justicia "actúe correctamente y se esclarezcan los hechos".
"Son amigos míos, lo han sido durante muchos años y yo sigo sintiéndome amigo de ellos", sentenció Pujol, que quiso también "agradecer los servicios" que le prestaron a él como presidente, a la Generalitat y a la "causa de Cataluña".
"Reafirmo mi amistad y mi agradecimiento por la labor hecha", destacó Pujol, quien preguntado sobre los errores en este caso de presunta corrupción urbanística, comentó que él puede asumir errores suyos, pero no de otros.
"En lo que haya podido suceder ahora no puedo reconocer ningún error mío, aunque a pesar de todo reitero mi confianza en ambos".
Jordi Pujol también justificó que le dijera a Lluís Prenafeta en el año 1980 que la Generalitat eran sólo ambos.
Subrayó que en esa época "no existía la máquina" de la Generalitat, y añadió que la administración catalana estaba en un estado tan incipiente que la frase no era un acto de "soberbia", sino una constatación.
Prenafeta "me ayudó mucho a crear la Generalitat. Lo hizo bien y le estoy agradecido", añadió el ex presidente, que destacó que Bartomeu Muñoz, alcalde socialista de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona), es el primer alcalde catalán en entrar en la cárcel cuando en toda España ya han entrado una veintena.
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