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Raíles y asfalto

4/nov/09 07:40
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SI la instalación del tranvía en el año 1901 constituyó para la Isla un adelanto en lo que a comunicaciones terrestres se refiere, otro tanto sucedía un año después con la presencia de la primera guagua chicharrera. Aunque les uniera el común denominador del transporte de pasajeros, el destino les deparó diferentes caminos. El primero de ellos, o sea el tranvía, se mantuvo en funcionamiento durante 55 largos años y nuestra primera guagua su presencia fue tan efímera que, en el mismo año de su estreno, ya no chirriaba su motor por nuestras carreteras.

Con el transcurrir del tiempo las comunicaciones mejoraban y a ello les acompañaba nuevos progresos técnicos en los motores de explosión, por lo que las garantías de funcionamiento aumentaban y la seguridad de un rendimiento económico animaba cada vez más a diferentes empresarios de la plaza a invertir en el transporte mecánico de nuestra Isla.

Pues bien, con esa armonía de circulación, tanto el tranvía como la guagua, cada uno por su camino, la actividad se desarrollaba en perfecta sincronización hasta el día 14 de enero de 1938, fecha en que se produce un aparatoso y espectacular choque entre un tranvía y una guagua. Eran exactamente las cinco y media de la madrugada cuando bajaba el tranvía nº 12 que venía de La Laguna y a la altura del Puente Zurita salía, en ese momento, la guagua "Ford" TF-5700 del garaje dando marcha atrás y sin que se percatara de la presencia del tranvía. El encontronazo fue grande puesto que el tranvía, según manifestaciones de su conductor Sebastián Reyes, no llevaba instalado el trole, motivo por el que no pudo emplear el freno eléctrico. Por otro lado, el conductor de la guagua Diego Mayato no percibió ni oyó la proximidad del vehículo eléctrico por lo que nada pudo hacerse para evitar el choque.

La parte trasera del autobús quedó completamente destrozada saliendo desprendidos los asientos, e incluso, otra guagua que se encontraba en el interior del garaje sufrió desperfectos en su parte delantera al ser desplazado en otra dirección dentro del mismo local como consecuencia de la violencia en el choque.

El tranvía nº 12 resultó con considerables daños al desprenderse los hierros de la plataforma y cabina de conducción y los cristales se hicieron añicos. La mayor parte de los desperfectos se produjeron en la jardinera en donde viajaban gran cantidad de viajeros e inexplicablemente ninguno de ellos se hirió y eso a pesar de que la totalidad de ellos rodaron por el interior del tranvía.

Los alrededores más cercanos al impacto estaban lleno de astillas, trozos de hierros, asientos rotos y pequeños fragmentos de cristales.

Durante toda la mañana del día 14 de enero el desfile de curiosos fue incesante coincidiendo todos ellos en que no se explican cómo no ocurrió una verdadera catástrofe. Dado la envergadura del accidente, se personaron de inmediato los agentes de Asalto y en el suceso intervino el juzgado correspondiente.

Ni el tranvía ni la guagua se resistían a desaparecer de la circulación, el uno continuó su rutinaria ruta sobre los raíles muchos años más y la TF-5700 incluso logró sobrevivir a su "enemigo eléctrico" el nº 12, ya que, una vez reparada, se incorporó a su trabajo con tal ánimo que el día 21 de noviembre de 1957 su viejo motor "Ford" de 4 cilindros es sustituido por el proveniente del "Austin" GC-7231.

www.fotingosdecanarias.es.v.g

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