Reconozco que al inicio de esta temporada 09/10, cuando empecé a leer y a oír comentarios sobre la necesidad de unión, fusión, entente o similares entre el Tenerife Baloncesto y el CB Canarias 1939, quedé sorprendido, pero al fin y al cabo no eran más que opiniones vertidas en los medios por personas que expresaban su buena intención ante la grave crisis económica que padecemos en nuestro país, que no tiene visos de aclararse y que, lógicamente, igual que a todos afecta a las instituciones y, por ende, al deporte.
Pero de la sorpresa pasé al estupor cuando no hace muchas fechas leí unas declaraciones de Dámaso Arteaga en las cuales se adhería a esta idea. Y de ahí pasé a la incredulidad cuando esta adhesión se plasmó en realidad al iniciarse las conversaciones con los presidentes a tal fin.
Seamos serios y dejemos tranquilos al CB Canarias 1939, pues es una entidad privada y puede actuar como quiera según juzguen sus dirigentes, por mandato de los socios, de cuál será su política deportiva en cuanto a ambiciones y limitaciones, así como la manera de gastar los recursos económicos que ellos consiguen y, como tal, por decisión propia, no tiene ningún otro compromiso, a diferencia de gran parte del resto de los clubes de la Isla que sí lo tienen ante el Excmo. Cabildo Insular, limitando por ello la política deportiva de cada club adherido.
Otra cosa es si analizamos otros aspectos que simplemente podrían ser discutibles desde el punto de vista ético, por lo tanto subjetivo, como que un empleado tuyo vaya en contra de tu modo de gestión, así como arrogarse una historia que no es suya, siendo este último aspecto más comprensible, simplemente por hacer honor a la tradición del que fue un gran club, partícipe y promotor del proyecto común.
Lo que realmente tenemos que evaluar es por qué dejamos en la indigencia a un club que es un proyecto insular, porque está respaldado por una institución insular, para compartir un presupuesto, ya de por sí diezmado, con otro que no quiere formar parte de este proyecto, porque, de manera contraria, no podría militar en la actual categoría que lo hace, pero que no rechaza unos recursos que lícitamente no le corresponden (si me los dieran yo tampoco les haría ascos).
Concluyendo: ¿qué mensaje recibimos de nuestra institución señera?, que no sólo no hace cumplir los acuerdos, sino que los convierte en papel mojado y, por ende, cualquiera de los firmantes podría hacer lo mismo y un acuerdo explícito se convierte en nada. También podríamos extrapolar otra situación para aquellos que teníamos alguna duda en cuanto al papel de la famosa fundación, y de ello sólo podremos aseverar que, únicamente, es una salida airosa para la institución de un proyecto en el cual ya no cree.
Y finalizo con una pregunta a la cual no encuentro una respuesta plausible: ¿qué piensan de esto el presidente y vicepresidente de nuestro Excmo. Cabildo Insular?
Ex-jugador de la máxima categoría nacional.
Ex-presidente de la sección de baloncesto del RC Náutico.
Ex-vicepresidente del Tenerife Baloncesto
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