VENDRÍA muy bien en Canarias. Está nublado pero no llueve. Vale, no hay problema ninguno, se tiran un par de misiles o voladores que impacten en el centro de las nubes y llueve o nieva a gusto del consumidor. Eso, aparte de rollitos de primavera y otros millones de cosas, es lo que están investigando los hijos del dragón.
Manipulando el clima y provocando que las nubes escupan agua, en abril de 2007, los científicos lograron producir nieve artificial en el distrito tibetano de Nagqu, a más de 4.500 metros de altura, con el objetivo de aliviar la falta de precipitaciones y reverdecer las praderas y pastos de la meseta más alta del planeta. Lo consiguieron.
El pasado mes de febrero, después de más de 100 días de sequía, en una zona predeterminada, se movilizó al Ejército para que un avión de la fuerza aérea liberase 400 litros de nitrógeno líquido, mientras que otros 200 efectivos lanzaron cohetes de yoduro de plata, un catalizador que genera una reacción química al contacto con las nubes que libera hidrógeno, y éste, a su vez, al combinarse con el oxígeno de la atmósfera, produce agua o nieve, según la temperatura.
Por extraño que parezca en el resto del mundo, tales precipitaciones "no naturales" (en el sentido de la causa) son bastante habituales en el gigante asiático, donde, desde 1999 hasta ahora, se han generado un total de 250.000 millones de toneladas de lluvia artificial que han regado 470.000 kilómetros cuadrados de tierra. Según informan los medios estatales -no hay otros-, la previsión para 2010 es llegar a las 50.000 millones de toneladas anuales y cubrir toda la superficie nacional.
Los chinitos felices, cuidadito con los notas, componen un monstruo bastante clónico con el que ya hay que contar en cualquier estrategia mundial. Dieciséis euros por una ración abundante con el tupperware de regalo y arroz tres delicias, chop-suey de gambas, tallarines fritos y pollo empanado con almendras. Acostumbrados a tareas titánicas, como levantar la Gran Muralla o la presa de las Tres Gargantas, se han marcado un nuevo reto: el de conseguir que el dragón sople en vez de fuego, agua. Que las nubes vomiten su carga controladamente y en espacios previstos con anterioridad. Una especie de riego por misil, a lo bestia, como antiguamente con los barrenos.
Vienen padeciendo la peor sequía desde 1951 y al mismo tiempo sufren desoladoras inundaciones y riadas que se cobran miles de vidas al año. El cambio climático les está afectando como a nadie y, en su decisión de indagar las posibilidades de manipular el clima, han empezado por los petardos de agua. Que llueva a mares, o mismo, café en el monte.
Es que ya apetece, ¿no?; aparte de que nuestro sector agrícola y comercial lo agradecería y teniendo, por supuesto, en cuenta que nunca llueve a gusto de todos, cuando se aleja el verano, en general, tenemos ganas de desenfundar desde lo más hondo del armario los paraguas, los chubasqueros y las botas de agua y saltar en los charcos. Sería como cantar "que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva, los pajaritos cantan, las nubes se levantan, ¡que sí!, ¡que no!, que caiga un chaparrón con azúcar y turrón"? pero basados en fuegos artificiales (invento chino) y no en azúcar y turrón. Precaución, a ver si vamos a crear un Delta.
No sé hasta qué punto funcionará el invento, pero por pedir, ya si ellos tienen éxito y lo perfeccionan convenientemente, pues que llueva por las noches y así mantenemos el turismo que viene a buscar sol por el día. Según oscurezca, ¡pimba!, ¡pimba!, por ejemplo, a las doce de la noche. Te pones a elucubrar y, si se puede, se atendería especialmente a la zona rústica dosificando misiles para el cultivo y zona forestal.
En su última imprecación al cielo, Beijing amaneció hace unos días cubierta por una gran nevada, la primera de la temporada, que fue provocada con pepinazos para aliviar la aguda sequía, según informó la agencia oficial Xinhua. Una capa blanca cubrió la mayor parte de la ciudad después de que el Observatorio Meteorológico Municipal de la capital china emitiese una advertencia del fuerte frío. Los termómetros descendieron en picado, con una temperatura del aire que se situó en tres grados centígrados, además de aparecer un fuerte viento, según el Observatorio Meteorológico.
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