LA CIRCUNSTANCIA de la reedición facsímil del profesor de 1ª enseñanza e investigador Nicolás Díaz Dorta por el organismo de museos del Cabildo de Tenerife, de cuya primera edición poseo un ejemplar, realizado en la imprenta de A .J. Benítez en el año 1908, me ha impulsado a releerlo con más interés, si cabe, que en su día, cuando lo encontré perdido, por su pequeño formato, en un estante de la biblioteca familiar.
Lo primero que llamó mi atención fue el sometimiento del autor a la previa censura eclesiástica, razón por la que se retrasara un año su impresión. En ésta, Nicolás Rey Redondo, obispo de Nivaria de entonces, se complace en manifestar al investigador que "nada contiene que se oponga al dogma católico y sana moral, mereciendo encomios y alabanzas el filial amor que ha demostrado V. profesar a la Iglesia, sujetando a su aprobación un libro que, después de todo, es de historia profana". Vamos, que para escribir algo, había primero que pasar por la vicaría.
Volviendo a hojear el libro, en el que figuran algunos soldados de fortuna que vinieron a hacer "las Canarias", además de algunos pobladores y la descendencia de las dinastías reales aborígenes, me ha llevado de nuevo a un razonamiento, sin base aún demostrada, que data desde que en un viaje a Lanzarote me corrigieron el habitual mal uso verbal para denominar la Cueva de los Verde, y no Verdes como solemos pronunciar. Que no es más que un topónimo del apellido de su mismo nombre, posibles propietarios antaño de los terrenos en que se encuentra el famoso tubo volcánico.
El caso es que el conocimiento posterior de personas nacidas en Lanzarote, residentes en Tenerife, se ha unido al otro encontrado en Teno Alto, donde varias personas que viven de la ganadería caprina responden también por dicho apellido. Sin lugar a dudas, estos y otros hasta un número de diez, que figuran en la guía telefónica del municipio, son descendientes del poblador Juan Verde Bethencourt, hijo a su vez de Marcos Verde, alguacil mayor de la Isla en 1533, y, por tanto, primer poblador de dicho apellido en Buenavista.
Es por ese motivo y por razón de cronología histórica, puesto que Lanzarote y Fuerteventura fueron las primeras islas invadidas, y Tenerife la última, que muchas veces me he preguntado, si por la razón que fuere, hubo un Verde que se trasladó a la isla mayor y se dedicó en esencia a la cría de ganado, como los son hoy varios de sus descendientes. Con el evidente añadido de que el otro apellido: Bethencourt, originario francés, es muy posible que también proceda de Juan de Bethencourt, uno de los invasores de estas islas, junto con su compañero Gadifer de la Salle, autor de "Le Canarien".
El caso es que el apellido Bethencourt me ha llevado a un ilustre personaje, padre de la ingeniería española, el portuense Agustín de Betancourt y Molina, tío carnal de mis tatarabuelos Antonio de Monteverde y Leonor del Castillo; ambos primos hermanos al ser sus respectivas madres Catalina y Mercedes, esta última condesa de la Vega Grande de Guadalupe, hermanas del mencionado inventor.
Evidentemente, no puedo decir que procedo por línea paterna de ningún apellido de los tantos aventureros que invadieron Canarias, puesto que el primer Monteverde que pisó estas lo hizo por La Palma en el año de 1500, comprando a una compañía alemana los ingenios de Argual y Tazacorte, e invirtiendo cuantiosas sumas en la misma. Aunque más tarde, por razones evidentes, emparentara con algunos de estos muchos apellidos que figuran en la interesante relación del mencionado Nicolás Díaz Dorta. Cuya intención de divulgación se unió en su momento al deseo de recaudar los suficientes fondos como para dotar de reloj a la torre de la iglesia de Buenavista.
Siento no poder adjudicarme, como algunos, la ascendencia guanche; aunque tal vez sí la tenga de mi abuela paterna, campesina de la comarca güimarera de Agache. Unión matrimonial, por aquel entonces, que generó el repudio familiar contra mi abuelo, por transgredir las normas de no matrimoniar con una igual de aquella altiva sociedad de entonces. Podría seguir citando nombres de ascendientes, mariscales y capitanes generales de las islas e incluso de Venezuela; así como notables ingenieros, sobrinos también del mencionado Bethencourt y Molina, pero no quiero cansar al lector con tanto autobombo. Disculpen mi inmodestia.
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