Paro, alzheimer y violencia de género
Curiosidades de la vida: hojeando las crónicas de un periódico llegó a mis manos un artículo que hablaba del grado de implicación que podría tener la enfermedad del alzheimer con una vida nula o poco activa sociolaboral. Dicho de otra forma, el retrasar la edad de jubilación implicaría en un alto grado la escasa o nula aparición de dicha enfermedad. En dicho artículo periodístico se resaltan los estudios hechos a tal efecto por un grupo de expertos de una universidad londinense en donde factores humanos de salud, tanto en hombres como en mujeres, llámense hipertensión, diabetes, etc., implicarían una jubilación prematura y en consecuencia contribuiría directa o indirectamente en la aparición del Alzheimer.
Si este planteamiento lo trasladamos al día a día, podríamos encontrarnos ya con un problema mucho mayor de lo que todos pensamos y con grandes repercusiones para años venideros, que podría afectar a las economías de los países, salvo que las instituciones y dirigentes políticos de turno tomen carta en el asunto.
Estamos hablando de más cargas económicas que tenemos que soportar los ciudadanos y que se traducen en mayores medios sanitarios y humanos que, contrariamente a lo que muchos piensan, no siempre van en consecuencia con las necesidades reales y a la postre nos quita calidad social, calidad de vida. La persona en una sociedad como la nuestra, en un país como el nuestro, que ha trabajado toda su vida y a los cuarenta, o cincuenta años la ponen de patitas en la calle, a esa persona, aparte de no tener recursos y perder los que tenía, si no le damos un trabajo, una dedicación que lo mantengan ocupado/a, con toda seguridad esa persona tendrá todas las cartas a su favor para ser potencial candidato/a a padecer la enfermedad del alzheimer el día de mañana.
Probablemente muchas "mentes pensantes" dirían que todas estas personas deberían estudiar más, leer más, en definitiva formarse intelectualmente para mantenerse ocupados, "vivos". Pero, por desgracia, aunque así fuera, esto no es válido ni aplicable a toda una sociedad cuando la principal preocupación de estas personas es la de llevar el sustento a sus familias.
La mente del ser humano es traicionera en muchas ocasiones y no hace pasar malos tragos hasta el punto que se puede convertir en un arma de doble filo, en toda la extensión de la palabra, y esto se entiende perfectamente teniendo en cuenta los relatos que vemos y oímos casi a diario en la prensa, con una violencia de género que parece formar ya parte de nuestras vidas. Una llamada violencia de género que no está ahí por casualidad, sin que se me malinterprete. Simplemente, es una causa-efecto en un gran porcentaje donde la situación de una gran cantidad de familias desestructuradas por carencias formativas y de crisis económica les han dado la puntilla. La verdadera realidad está en la clase política, donde lo único que subyace es la lucha por el poder, "el quítate tú pa ponerme yo". El anhelo de estar en lo más alto y de salir en la foto donde obtener réditos políticos que los consoliden en su estatus socioeconómico hasta donde lo consideren oportuno en tiempo y espacio y así lograr un futuro y porvenir para ellos y los suyos que ya quisiéramos cualquiera de nosotros, los humildes.
Reitero: no soy un profesional en la materia, pero mucha violencia de género tiene que ver con la situación económica de las familias y, en consonancia, el parado tiene todo el tiempo del mundo para pensar y mal pensar. El paro está siendo el caldo de cultivo de todos estos problemas y el abono perfecto para los futuros enfermos de alzheimer del día de mañana.
Ramón Hernández Hernández
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