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TROMPULGA Y CHICHAPIÉ JOSÉ A. INFANTE BURGOS

¡Evoehh Internet!

1/nov/09 07:33
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CUANDO hace unos cuarenta y cinco años, o más, se hablaba del siglo XXI recuerdo que se pensaba en el espacio sideral, en volar con cochitos flotantes y en las lunas de Marte. Me veía con escafandra y un robot hablador de coleguilla buscando a la pivita de "Perdidos en el Espacio". La iba a salvar, jugándome la piel, de los marcianos asquerosos que con el dedo meñique tieso ponían en peligro a la Tierra. Me hubiera dejado los cuernos por ella.

Pero los tiempos han cambiado tanto y de tal manera que nada de lo previsto encaja en la idea medio machista o fantasiosa en la que vivimos, niños por entonces, los jóvenes de la juventud que ya maduró en primera instancia. Verdes todavía y con más hueso, reconozco que nos engañaron como a chinos o enanos, y ahora como te descuides casi que ni sales de casa con el jodido ordenador pendiente del jodido móvil y aquella chica preciosa, la de "Perdidos en el Espacio", te larga un piñazo que te tumba porque es camionera. Resulta que no anda perdida, eso pasó a la historia y el que estás más perdido que una cuca eres tú, con lo que ese idiota deseo de dejarte la vida en su salvación contra los marcianos le parece, a todo el mundo, incluso a ella, un patético reflejo de catetismo. Quita pa´llá, ya no es como antes, por favorrrr, sálvate a ti mismo, a correr los dos si viene un tsunami y punto en pelotas, que es lo que más me gusta. Es que ya no se le tiene miedo a nada, ni a los espíritus, si los ves háblales que tienes poderes, según las series de moda y lo mismo solucionas algún entuerto del más allá.

Ni por asomo, por lo menos a mí, se me ocurrió pensar que el futuro nos depararía estar plantados ante cajitas de televisión, escribiendo a máquina y viendo virtualmente a tiempo real a una navegadora de otra parte del mundo que te escribe cositas.

Hace 40 años, el 29 de octubre de 1969, un estudiante de la Universidad de UCLA, Charles Klein, envió, tras un intento fallido, el primer mensaje entre dos ordenadores localizados a 500 kilómetros de distancia, uno en la Universidad de UCLA (Los Ángeles) y el otro en la Universidad de Standford (San Francisco). Esa acción, hoy tan común y sencilla, cambió el rumbo de la historia del siglo XX para siempre: era el germen de internet. Klein quería enviar la palabra "login", pero sólo logró teclear la "l" y la "o", porque en ese momento ambas máquinas se colgaron. Hoy, tan sólo cuatro décadas después, el mundo se colapsaría si internet desapareciera. La ruina, el desastre, el fin del mundo. ¡Evoehh Internet!, ¡Evoehh Internet!, es la nueva religión de los humanos.

Cuando a principios de los 60, el ingeniero estadounidense Leonard Kleinrock documentó su visión de internet, nadie quiso escucharlo. Fue finalmente el gigante estadounidense de telefonía AT&T quien, con muchas reservas y convencidos de que no funcionaría, terminó cediendo la infraestructura de red para el proyecto, que fue financiado por el ejército de Estados Unidos.

Algo bueno ¿o no? tenía que venir de allí. La Red tiene un impacto profundo en el trabajo, el ocio y el conocimiento, hasta el punto de que la población internauta a nivel mundial supera ya la cifra de 1.000 millones de usuarios. Y para el 2010, se prevé que sean 600 millones más. Este producto se escribe basado y se envía envasado por internet.

La evolución ha sido espectacular, y muchos ya lo consideran como el mayor o mejor invento del siglo veinte. Para muestra, estos datos: en 1990, 2,6 millones de internautas; en 1995, 34 millones; en 2000, 344 millones; en 2005, 938,7 millones, y hoy ya superamos con creces los 1.000 millones.

Cada día se crean 150.000 blogs o se descargan más de 100 millones de vídeos a través de Youtube. Y eso sin hablar del buscador Google, donde se producen más de mil millones de búsquedas diarias. En 1990 nace la www., World Wide Web, que hoy mueve billones por todo el mundo. Su creador, Tim Berners-Lee, curiosamente renunció a la fortuna por universalizar la Red.

Contaba una vez que los caminos emprendidos son muchos, pero uno de ellos es la identificación y transmisión de emociones. ¡Evoehh, amor mío!

infburg@yahoo.es

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