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A FONDO ROGER

Imágenes que dan pena

31/oct/09 07:35
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LAS IMÁGENES de la Casa Rahn, antiguo convento de Santo Domingo portuense, mostradas por Mi Tierra Televisión, producen mucho sentimiento. El anterior gobierno municipal socialista organizó en esta noble dependencia municipal una exposición sobre el miedo, disfrazándola de espectáculo circense. Una especie de casa del miedo de andar por casa. Ni este era el lugar adecuado, ni creemos que hoy en día el miedo sea motivo de entretenimiento, con una población muy tocada por la crisis económica.

El resultado sí dio realmente miedo. Los gamberros, animados por la nula vigilancia en aquella esperpéntica exposición, han destrozado el palacete de Rahn, un inmueble emblemático del Puerto de la Cruz, han arrancado loza sanitaria de los baños, han pintado las paredes y han echado abajo el ex convento, hasta el punto de que el presupuesto de reparación sumará más de 100.000 euros. La restauración la tendrá que llevar a cabo el gobierno de coalición actual, que ha heredado un Puerto de la Cruz destruido en muchos aspectos.

Ignoramos lo que para la corporación saliente significa cultura. Cultura no es destrozar unos baños, ni potenciar el botellón, ni descuidar la limpieza. Cultura no es subsidiar a los correligionarios con salarios oficiales. Cultura no es destruir la ciudad, negar a los pescadores sus derechos, vociferar en el salón de sesiones y acusar de franquistas a quienes se opongan a sus ideas. Cultura no es que un alcalde socialista vaya al Puerto a amenazar a un señor de 82 años, ni que se monte una algarada en el viejo Penitente porque a los concejales salientes no les guste que los saquen mediante una censura. Todo se hizo de acuerdo a la ley. Pero no parecen darse cuenta de que por encima de sus cuitas partidarias está la ciudad del Puerto de la Cruz, cuyos habitantes merecen el respeto y el descanso.

Las imágenes de la Casa Rahn dan pena, mucha pena. No dignifican los comportamientos de la juventud portuense; ni hablan bien de la catadura de los responsables de la exposición; ni enseñan nada bueno a los jóvenes y a los viejos; ni aportan nada a una ciudad que necesita serenidad y prosperidad.

Que se reparen esos daños y que se le dé al noble convento un fin más adecuado con su historia y con su empaque. Y que no se permitan más desmanes en nombre de la libertad. Porque la libertad es de todos, no sólo de los socialistas.

 

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