A MENUDO los asuntos relacionados con el lenguaje suelen ser curiosos. Calificamos sustantivos con adjetivos o matizamos los verbos con los adverbios, pero a veces el pueblo llano, que es quien, al fin y al cabo, determina el significado de las palabras, los modifica y los atempera a la realidad de los tiempos. Es el caso de los que solemos llamar chapuceros, a las que el DRAE denomina como personas que hacen algo de manera tosca y grosera. Sin embargo, cuando decimos de alguien que es un "chapuzas" no nos referimos a sus escasas habilidades para resolver las inesperadas dificultades que el día a día nos regala -casi siempre de índole manual-, sino precisamente por lo contrario. Un "chapuzas" es un tipo que arregla un grifo, soluciona un problema eléctrico, empasta la grieta que aparece en una pared o le cambia el programador a una lavadora, con la ventaja de que todo lo hace más o menos bien; incluso mejor que muchos profesionales.
Claro está que el "chapuzas" debe poseer medios para llevar a cabo sus trabajos. Si no los tiene puede ser que sus arreglos no queden perfectamente bien acabados, lo cual le disculpa. Quien no la tiene es el chapucero, que con todos los elementos necesarios a su alcance no hace uso apropiado de ellos y deja tras de sí la secuela de su incompetencia.
Si son nefastos los chapuceros aún lo son más quienes al sustantivo añaden la categoría de "funcionarios". Salvo honrosas excepciones, como todo en la vida, son personas que, al ver garantizado su empleo y sueldo, quizá no desempeñan su oficio con el entusiasmo apropiado: nadie los va a despedir. Debido a eso recorre uno la ciudad -no Santa Cruz de Tenerife sino todas- y se encuentra con auténticos despropósitos que claman al cielo. Como empresario siempre he defendido la necesidad de que todos los ayuntamientos dispongan de un buen servicio de mantenimiento, comandado por personas que estén atentas a las carencias y necesidades de "su" ciudad, pero resulta evidente que no suele ser así. Muy a menudo a los servicios de mantenimiento van a parar una serie de "recomendados" cuyos conocimientos del trabajo que van a realizar son bastante someros, por no decir escasos. No les falta, sin embargo, el entusiasmo, por lo que lo mismo cogen la picareta para partir un bloque que la llave inglesa para aflojar unan tuerca. Los resultados que producen sus proezas se observan por todas partes, con el agravante de que sus despropósitos -sus chapucerías- no son posteriormente corregidos sino que se perpetúan para escarnio de sus superiores. Si no es así?
¿Por qué permiten que en territorio del Plan Urban se sustituya el pavimento adoquinado por asfalto? ¿Acaso a nadie se le ocurrió encargar unos cientos de adoquines más para solventar los posibles estropicios ocasionados por el tráfico?
¿Por qué se pintan los báculos de la luz y, si la tapa del registro está rota, se dejan los cables al aire con el peligro que ello entraña?
¿Por qué no se ponen juntas de goma en las tapas del alcantarillado que hacen ruido al pasar los vehículos?
¿Por qué no se limpian los imbornales antes de que llegue la época de lluvias?
¿Por qué no se podan con más frecuencia las ramas de los árboles que impiden ver las señales de tráfico?
¿Por qué se permite que las ramas de los árboles de muchos jardines particulares invadan las aceras, obligando a los peatones a utilizar la calzada?
¿Por qué la empresa que gestiona la limpieza pública -dejando a un lado la necesidad de aumentar el número de contenedores si la situación lo requiere- no mentaliza a sus operarios para que realicen su cometido concienzudamente?
¿Por qué los técnicos del departamento de conservación no indican al personal que se ocupa del rebacheo de las calles cómo hay que hacerlo, para evitar que el hormigón asfáltico utilizado se despegue transcurridas un par de semanas?
¿Por qué Emmasa no sustituye las juntas que impedirían la perdida de agua en muchos de los acoples situados en toda la ciudad?
¿Continúo...? No creo que haga falta puesto que a buen entendedor pocas palabras le bastan, pero está claro que muchos ciudadanos podrían aumentar esta lista que he hecho con experiencias propias. Las chapuzas, los chapuceros que cumplen su cometido de mala gana -como si desempeñar esas funciones fuese un castigo divino-, van deteriorando poco a poco el entorno en que vivimos, degradándolo hasta el punto de que los ciudadanos, de tanto verlo así, llegamos a considerarlo como algo normal; nos convertimos en campo abonado para sufrir el "síndrome de Estocolmo".
¿Qué se puede hacer para dar un giro de 180º -no de 360º como algunos suelen decir- a esta situación? Pues? creo que nada, y perdonen mi escepticismo. La gente es como es, va a lo suyo, le importa un c? los demás, va a escapar como puede y sólo le interesa lo que le beneficia. Aunque no todo el mundo sea así, afortunadamente, la mayoría, como en política, siempre triunfa, y no hay que ser un genio para percatarse de que los mediocres, los chapuceros, son más numerosos que los altruistas, los generosos, los que se entregan por el bien de los demás sin esperar nada a cambio; ni siquiera una palmada en la espalda que reconozca sus gestos.
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