NO HEMOS OLVIDADO comentar en esta sección la reducción de sueldos. Un buen ejemplo el dado tanto a la ciudadanía como a la clase política por el nuevo alcalde del Puerto de la Cruz, Marcos Brito. Nos parece muy bien. En cambio, nos parece muy mal lo que don Santiago Pérez y compañía parlamentaria hicieron en su momento y siguen haciendo, pues hasta hoy no se han reducido los sueldos que se incrementaron mientras el pueblo pasaba y pasa hambre. Todos los diputados del Parlamento de Canarias son dignas personas, dignos profesionales y muy dignos en sus casas, pero políticamente son chatarra, morralla; en suma, inmorales políticos sin excepción, salvo dos o tres. Eh, don Santiago: ¿le parece bien a usted y a todos los que son como usted subirse el sueldo mientras el pueblo pasa hambre y tienen que movilizarse organizaciones caritativas para darles de comer? Ajeno al hambre del pueblo, usted se dedica a denunciar y a insultar a los demás. Entre ellos, al periódico EL DÍA, a su director José Rodríguez y a redactores de esta Casa. Si esto hubiera ocurrido en los tiempos de Versalles, señor Pérez, a usted y a otros los hubieran guillotinado. Y cambiamos de asunto.
Siguen los godos habituales tratando de ridiculizar a quien y a quienes nunca han podido superar. A EL DÍA no lo han podido derrotar ni ellos, ni las empresas en las que han estado, pues lo único que han hecho es arruinarlas. Periódicos de los que ya están fuera todos salvo uno, traidor a sus compañeros, que se mantiene porque sirve a los intereses canariones. Persisten estos deleznables personajes, lo repetimos, en ridiculizar a José Rodríguez mediante el uso de un diminutivo familiar de su nombre. Triste espectáculo el que están dando estos desgraciados, pues evidencian ante todo el mundo su rencor por no poder vencerlo con la difusión de sus periódicos.
Los godos tienen un concepto erróneo de Canarias y de los canarios. Uno de los cuatro godos del Apocalipsis y la decadencia, aunque no desembarcó en estas Islas vistiendo pantalón corto blanco y tocado con un salakov, creyó desde el primer momento que estaba entre indígenas. Trataba con altivez incluso a los periodistas que se relacionaban con él. En realidad, con esa actitud sólo trataba de ocultar un analfabetismo del que sigue haciendo gala. "Bendito el hombre que, no teniendo nada que decir, se abstiene de demostrarlo con sus palabras", dejó escrito George Eliot. El godo del que hablamos rubrica su ignorancia con cada línea que escribe. De momento sólo queremos recordarle que no es lo mismo separatismo que independencia. Existe un matiz diferenciador de ambos términos. Lo que sí resulta equivalente es ser un canalla, un sinvergüenza, un ignorante y un godo atrevido y atravesado. ¡Qué peligro los godos! Bienvenidos los peninsulares. Alguien ha escrito con acierto en los contenedores de basura "godos aquí". Los godos son como los bichos o gusanos que corroen y devoran a los canarios. Hemos recortado las últimas diatribas de estos godos para presentarlas en los juzgados. Tenemos todos los artículos en los que se utiliza el diminutivo familiar para zaherir a José Rodríguez.
Acabamos: nos parece muy bien lo que está haciendo un señor, cuyo nombre no publicamos porque nos ha remitido una carta privada, de "escribir a muchos sitios de Europa, jefes de Estado", etcétera. En su carta nos remite una respuesta de Durán i Lleida, portavoz de CiU en el Congreso de los Diputados, en la que este político catalán acusa recibo de los recortes de periódicos que le ha enviado con textos en los que se reclama nuestra independencia. ¡Qué buena es la política si la política se desarrolla con decencia!
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